Después de una jornada electoral agridulce, todo parece indicar que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) continuará gobernando el Estado de México. A pesar de los escándalos de corrupción y los altos índices de delincuencia de la entidad, la ciudadanía optó nuevamente por el mal conocido. El confort y el status quo de los "atlacomulcos" (como se conoce popularmente al actual grupo de poder en el Estado de México) triunfó.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas en la tierra de Sor Juana, pues sobre el triunfo del #PRI se esparce nuevamente el fantasma del fraude, como ha sido una constante en cada elección reñida, dentro del sistema electoral mexicano desde por lo menos 2006.

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La ahora segunda fuerza política del estado mexiquense, #MORENA, ha acusado al tricolor de haber orquestado un gran fraude. Pero no sólo la "extrema" izquierda está inconforme con el resultado; también la derecha ha exteriorizado su preocupación por lo que ha sido, según las palabras de Ricardo Anaya, líder de Acción Nacional, "una elección de Estado".

El PRI se lleva un triunfo manchado, en una elección que si no es fraude, se lo parece demasiado. En ese sentido es válido preguntarse si ¿es culpa de López Obrador que el fantasma del fraude recorra las calles del Estado de México? López Obrador puede ser un populista, pero definitivamente de lo que no tiene la culpa es de la estructura endeble sobre la cual se ha construido "nuestra democracia". Si una acusación de fraude con, o sin fundamentos, resuena en una gran parte de la población es porque algo está muy mal en tu sistema.

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La corrupción es tan profunda y evidente en la mayoría de las instituciones mexicanas, que no hace falta mostrar ni una sola prueba para crear una duda. Como dice por ahí la sabiduría de abuelita: "piensa mal y acertarás".

Esta duda es alimentada, además, por la irresponsable decisión del Instituto Electoral del Estado de México de dar una "ganador" (o tendencia "clara"), a través del método de conteo rápido poco antes de las diez de la noche. En una elección tan cerrada, lo más prudente hubiera sido declarar un "empate técnico" o simplemente informar que los resultados eran tan parejos que entraban dentro del campo del error estadístico - por lo cual - no se podía establecer una tendencia clara. Es probable que el equipo técnico haya decidido que la muestra era lo suficientemente válida para establecer la tendencia, pero hay decisiones que deben ser más políticas que técnicas.

Ahora Del Mazo deberá gobernar sobre una sociedad fragmentada. De confirmarse los resultados, el nuevo gobernador del Estado del México se enfrentará a una mayoría anti-priista (más o menos entre un 60 y 70% de los ciudadanos serán críticos de su gobierno).

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¿Cómo hará el primo de Peña Nieto para recuperar la confianza de la ciudadanía?

No obstante, el problema más grave de las elecciones del Estado de México es el desgaste de las instituciones electorales mexicanas, que están llevando a un punto de caducidad. El IFE (ahora #INE) dio un brío de esperanza a la democracia mexicana, sin embargo, ya no es funcional a la nueva realidad social y política del país. Ante una sociedad cada vez más polarizada la solución más viable es la segunda vuelta. Pero, de haberse aprobado la segunda vuelta, ¿hubiera ganado el PRI con todo y su salario rosa?

Las elecciones mexiquenses nos mostraron más oscuros que claros, pero entre los pocos claros podemos mencionar que, a pesar de la estructura de pobreza, la maquinaria priísta con mucho esfuerzo sólo logró cosechar un 33% de aprobación ciudadana (con todo y alianzas). #Edoméx #Elecciones2017 #AMLO