A Mateo, quien ya espera ansioso el próximo asalto.

El lunes el país amaneció con una resaca: dolor de cabeza, molestias musculares, náuseas y un profundo hastío de levantarse y respirar. El motivo es muy claro: después de las elecciones para gobernador en tres Estados de la República, el PRI –dinosaurio más aterrador que cualquiera que haya imaginado Augusto Monterroso- permanece en el Estado de México. Una de las zonas más corruptas, violentas y llena de impunidad permanecerá sumergida en su pesadilla por seis años más.

El primero que se me viene a la mente es Mateo, veterinario, amante de la cerveza y lector maldito, quien además se ha dado a la muy dura tarea de ser mi padre durante los últimos 30 años.

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Este antiapóstol malhablado que ha pensado y pasado la vida entera en rojo, tiene años soportando las traiciones y desesperanzas que le han provocado sus afiliaciones políticas. Sería un error decir que su vida -política- ha sido una pelea, tal vez lo más certero es decir que su vida ha sido un continuo soportar golpes, derrumbarse y volverse a levantar.

Si el resultado electoral fue un robo o una autoflagelación por parte de los mexiquenses no lo voy a discutir aquí; lo que realmente me gustaría saber es qué siente y qué planea esa gente que rechaza y vomita al partido vencedor, qué siente y qué planea toda esa gente que siempre han aullado y mordido contra la máquina que conserva el poder; qué piensan y qué sienten todos esos Mateos.

Muchos intentan liberarse del yugo a través de las redes sociales, denunciando con sus lenguas de fuego, con sus pequeñas balas desde sus pequeñas trincheras.

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Otros pocos, afortunados por distintas razones, ante el posible descenso a los infiernos del país -piensen aquí en el PRI ganando las elecciones presidenciales del próximo año-, planean la partida del país y apuntan a ciudades como Buenos Aires o Barcelona.

Yo podría decirles que la historia no se tiene que engullir tan fácilmente, que lo mínimo que tenemos que hacer por nuestro lastimado país es patalear, vociferar, sacudirnos; podría decirles que aquí nací y que aquí pienso morir, y que nunca he pensado en marcharme a otro país. Pero les estaría mintiendo.

Entonces, ¿qué es lo que debemos hacer? ¿Debemos dejar agonizar al país? ¿Debemos huir de la catástrofe y rezar, en voz baja, casi cuchicheando: “sálvese quien pueda”? ¿O escupiremos y blasfemaremos mientras se pueda? Ante tales disyuntivas, Leila Guerriero, periodista y maestra de la pluma, lanza una mordaz respuesta: “Dejar morir, o hacer alguna cosa. Mírense, lo que elijan será lo que son”. #EleccionesEDOMEX2017 #YaCholedelPRI