Es complicado poder decir adiós a los padres, separarse de ellos y hacer tu propia vida, sobre todo cuando es tan cómodo tener la cama tendida, la ropa limpia, la comida sana, variada y caliente; todos los servicios, agua, luz, teléfono, cable, gas, internet y todas y cada una de las cosas que tienes al estirar tu mano al seguir viviendo en casa de tu progenitores, pero hay una edad en la que simplemente te das cuenta que no está muy apropiado lo que sucede con tu vida, te conviertes en un parásito.

Hay personas que emprenden su camino desde muy chavos y salen de sus casas a rascarse con sus propias uñas. Mientras que existen otros individuos no tan chavos que siguen en esa comodidad insoportable, que los padres amorosamente nos brindan esperando nuestra compañía eterna.

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Desde mi punto de vista sólo hay de dos sopas, cuando tu estancia en el nido ya expiró.

Mi pequeño por siempre

Cuando platicas sobre planes de futuro, fuera del hogar, casi casi llegan con el enorme álbum de fotos familiar y te cuentan con lágrimas en los ojos, todas y cada una de las aventuras que tuvieron como familia desde tu nacimiento hasta el día de hoy; tu primer bici, tu día de clase, tu primera borrachera, idas y vueltas, caídas y levantadas en las que ellos, tus padres, han estado presentes dándote amor, ofreciéndote todo lo que están en sus manos para que seas un hombre de bien y, que siguen procurando a sabiendas que ya tienes tus propias actividades, su "yo haría" para encauzarte a una vida como a ellos les hubiera gustado vivir. Quieras o no, vives en una eterna adolescencia, siempre en discusión, porque no puedes hacer lo que quieras, es su casa; son sus reglas.

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Ahora mando yo

Tus padres piensan en la jubilación, tienen cierto tiempo de sobra y te hartas de verlos todo el día en casa, pones horarios para dormir y para despertar, tratas de ponerles actividades para que hagan algo productivo porque no cumplen con el rigor que tú mismo te pones, haces caras cuando la comida no es de tu agrado, regañas cuando te interrumpen en tus actividades, procuras en las enfermedades, sobreproteges cuando ya está todo bien, fijas horas y aplicas medicamento, te encargas del súper y poco a poco te has convertido en el padre de tus padres y ellos, encantados entraron a un rol que no les corresponde vivir.

Mi opinión no va de olvidar todo lo que vivieron juntos, mudarse a la cuenta de tres y hacer como si no existieran. Yo propongo que partamos del hogar antes de que sea demasiado tarde y se convierta en una relación que ya no da frutos, que nos estanca y nos quita la energía para redescubrirnos desde nuestra soledad y nuestras propias uñas, para hacer crecer lo que aprendimos de ellos y validar o desmentir todo aquello que nos haga ruido sobre nuestra crianza y lo que hasta ahora sabemos.

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Y que sea igual ese espacio que nosotros tendremos, ellos lo poseerán y servirán para lo mismo, para redescubrirse como pareja y como individuo.

Este artículo lo escribo porque prefiero seguir amando a mis padres a distancia que odiarlos en el mismo hogar. Joaquín Moreno, adulto de 26 años que está por mudarse de casa de sus padres.¡Hasta la próxima! #Cultura #TeOdioPeroNoMeVoy #ÁndaleMamáDamePermisoYaTengo30