La política exterior mexicana se ha caracterizado por el principio de la no intervención, mejor conocida como la Doctrina Estrada, derivada del Secretario de Relaciones Exteriores mexicano, Genaro Estrada en la que se establece, a grandes rasgos, la libre determinación de los pueblos y un rechazo total a la intervención de un país en otro.

Si bien esta posición ha destacado a #México en la escena internacional, la diplomacia mexicana ha perdido oportunidades importantes para fungir como mediador en disputas o diferencias entre naciones, como el caso de la normalización de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos que fueron supervisado por la San Sede, o como el proceso de paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia con el gobierno de Juan Manuel Santos.

Anuncios
Anuncios

Pero en política exterior no hay tendencias o doctrinas que se mantengan para siempre. En un mundo tan cambiante como en el que vivimos, donde la tecnología nos permite conectar con otros de manera simultánea, podemos acceder a información a cualquier hora sobre cualquier tema; los gobiernos y actores políticos deben tomar decisiones rápidas y moverse a la misma velocidad que la información para no perder pulso y mantenerse vigentes ante cualquier hecho.

Previo a la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos, el mundo tendía a guiarse por los movimientos de la política exterior norteamericana, sobre todo en temas relacionados con el terrorismo, seguridad y paz mundial. Las excepciones a seguir esa tendencia son fáciles de encontrar en América Latina, Medio Oriente y algunos países de África.

Anuncios

Hoy, algunos países comienzan a abandonar la guía norteamericana para emprender su propio camino en política exterior. Con la llegada de Trump, Estados Unidos ha comenzando a perder liderazgo, en parte por los problemas políticos internos con la llegada del magnate a la Casa Blanca, su ferrera intención de eliminar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con México y Canadá, su intento por prohibir la entrada de musulmanes a los Estados Unidos, su rechazo a la ratificación del Acuerdo de París sobre cambio climático, entre otro temas domésticos.

En el caso de México, la oportunidad ideal para recuperar parte del liderazgo perdido en el Continente Americano fue la 47 Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (#OEA) celebrada en Cancún, Quintana Roo.

Luis Videgaray, Secretario de Relaciones Exteriores, fue nombrado Presidente de la Asamblea; oportunidad ideal para que México realizará un papel brillante y dejará en claro su determinación de recuperar su papel como actor relevante en el mundo.

Anuncios

Sin embargo, previo al inicio de los trabajos de la Asamblea de la OEA, comenzó el fin del intento del Gobierno mexicano para resposicionar su liderazgo.

Hace 81 días, la oposición venezolana emprendió una serie de manifestaciones contra el régimen de Nicolás Maduro para protestar contra su gobierno y la actual crisis política, social y económica que vive ese país y por las elecciones que pretende llevar a cabo el Presidente Nicolás Maduro para instalar una Asamblea Constituyente, lo que para la oposición forma parte de un intento de auto golpe de Estado sin posibilidades de un cambio verdadero para la sociedad venezolana.

En lo que va de las protestas en diferentes puntos de #Venezuela, se suman ya 70 muertos y miles de detenidos sin que el conflicto llegue a una posible solución, mientras que las violaciones sistemáticas a los derechos humanos cobran nuevas víctimas y son documentadas y difundidas ampliamente en Venezuela y todo el mundo.

Sin desaprovechar el momento político, durante una visita a Estados Unidos, Luis Videgaray ofreció ser el mediador entre la oposición y el régimen de Maduro y acusó a ese gobierno de tener rasgos autoritarios. En respuesta, la Canciller venezolana, Delcy Rodríguez, calificó como infames e inmorales las declaraciones de Videgaray asegurando que ‘expresan su sumisión al país Hegemón para que ampare a su Estado Fallido’.

Poco a poco fueron escalando las descalificaciones al grado de que Venezuela decidió iniciar su proceso de salida de la OEA luego de que se convocara una reunión de ministros de exteriores para analizar la crisis que vive el país y tomar una posición al respecto. Llego el día de la reunión de ministros en Washington sin que se lograra llegar a un acuerdo, en parte por el voto de algunos países caribeños que decidieron votar en contra.

En otro intento de provocación y días previos al inicio de la Asamblea General en México, Venezuela amenazó con llevar el caso de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa al pleno de la OEA. También, retó a Videgaray a debatir sobre derechos humanos, violencia y contrabando de drogas.

Llegó la Asamblea General y Venezuela asistió pese al anuncio de su salida de ese organismo y con la delegación más grande de todas. Se registraron una serie de protestas de venezolanos por la presencia de Delcy Rodríguez, e incluso se dio a conocer de un enfrentamiento entre el vicecanciller Samuel Moncada y el activista Gustavo Tovar-Arroyo donde ambos cruzaron palabras y descalificaciones

Por si faltaba más, a pocas horas de iniciar la Asamblea, el periódico The New York Times publicó en su primera plana que el Gobierno mexicano habría espiado a diversos periodistas, activistas y defensores de derechos humanos. Este fue el telón de inicio de los trabajos de la 74 Asamblea General de la ONU.

Y como si se tratara de un circo de tres pistas, una vez iniciados los trabajos programados, la canciller venezolana se retiró de la sesión, pero no la delegación completa, en un claro acto de protesta. Al día siguiente, Delcy Rodríguez cruzó palabras con el Canciller de Perú acusándolo de ‘perro faldero del régimen’.

Hay una gran lección que México debe aprender de este desafortunado encuentro. No es fácil lanzar críticas a diestra y siniestra como si en nuestro propio país no ocurriera lo que se está denunciando que ocurre en el exterior cuando ni siquiera nosotros mismos podemos poner orden en lo que ocurre dentro de nuestro territorio. Venezuela logró apoderarse de los trabajos de la Asamblea luego de que amenazara con abandonar el Organismo; Venezuela fue la gran ganadora, mientras que México quedó en un mal papel ante la sociedad mexicana y la comunidad internacional.

Otra gran lección es la vigencia y poder que tiene la propia OEA, un organismo internacional cuyo espacio es utilizado para cruzar acusaciones y dejar de lado las propuestas. La OEA debe repensar seriamente su papel y modificar todo aquello que no funciona para recuperar su confianza y validez para que sus resoluciones sean acatadas.

Esta primera lección dejó claro que México tiene mucho por hacer antes de volver a recuperar su papel en la escena internacional sentar precedente y recuperar su liderazgo.