Tienen razón los veganos cuando repudian la crueldad con la que los animales considerados “comestibles” viven y mueren actualmente en nuestro mundo. Pero algo me inquieta cuando, por no contener carne, leche o huevo, los veo congratularse y hallar paz en que sus platos están “libres de crueldad”.

Uno quisiera que una práctica tan tajante como dejar de consumir productos animales tuviera al menos ese resultado individual tan definitivo, pero lo cierto es que eso es un espejismo.

Por ejemplo, si en ese plato hay soya, habría que considerar que más de tres cuartas partes de la que se produce en el mundo es transgénica. Hay reportes que incluso estiman que el 90% de este cultivo está genéticamente modificado y contaminado con pesticidas cancerígenos.

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Independientemente de los efectos en la salud, lo que es un hecho es que la técnica de monocultivo que en general se emplea en la producción de soya, mata la tierra. Desde antes, desde que se talan bosques para destinar la tierra al agro; y después, cuando los pesticidas la envenenan y cuando la falta de variedad y periodos entre cosechas, la seca.

Pero parece que perdemos de vista que contaminar la tierra, el aire y el agua, envenena también a los animales. La trágica muerte masiva de abejas es el ejemplo más visible de los efectos de estos venenos en el ambiente, pero no hay animales alrededor que se salven.

No hay manera de que destruir su hábitat y envenenar lo que comen y respiran no sea una forma de crueldad contra los animales, ¿o sí? Todo esto sin pensar en la crueldad que se ejerce contra los campesinos y ejidatarios en todo el mundo cuando grandes corporaciones como Monsanto los desplazan de sus tierras con métodos criminales.

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Somos un todo en el planeta. No hay forma de que la enfermedad o la extinción de una especie no afecte a las demás. No hay forma de que la contaminación de un río no le de la vuelta a todo el mundo. No se puede destruir un ecosistema y mantener aislada esa destrucción para evitar su efecto dominó. Somos un todo interconectado, pero tenemos visiones aisladas de la realidad. Vemos sólo partes del todo. De ahí que unas formas de crueldad nos resulten visibles y otras no.

Pero el problema es grande: desde hace décadas la comunidad científica advierte que la contaminación química puede causar la extinción de la mitad de las especies. Pero la contaminación genética, esta osadía de penetrar una célula viva para alterarla por una vía mecánica, tendrá efectos que aún no alcanzamos siquiera a vislumbrar. Esencialmente, está cambiando la vida desde su núcleo.

Así con los granos. Así con las frutas y verduras en general. La raíz del problema no es la pirámide alimenticia omnívora, sino la falta de respeto por la vida y el excesivo amor por el dinero: el problema es el #Capitalismo, en el que todo lo que se produce tiene sangre y hiede a muerte.

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Se sacrifica la tierra, a los animales y a nosotros mismos en pos de más y más altos márgenes de ganancias.

De modo que, a menos que compremos nuestros alimentos a los pequeños productores orgánicos que aún viven y resisten, o los cultivemos nosotros mismos por lo sano, en nuestra comida hay injusticia, hay muerte y hay crueldad.

Por eso, cuando veo que alguien cree haber resuelto –con una dieta– cómo no formar parte de esta violencia generalizada, yo en el fondo espero : “Ojalá no tenga paz. Ojalá no alivie su conciencia sin más reaccionar que quitar la carne de su plato”.

Ojalá vayan más allá, a pelear contra todas las formas de crueldad que hay en nuestros platos, que son las formas de producción del capitalismo. Ojalá sean también, por ejemplo, tan vehementes impulsores de los huertos caseros orgánicos como ha sido de la dieta vegetariana. No porque sea su obligación, sino porque son la esperanza. Porque ya son los que se preocupan, ya son los que albergan sentimientos de compasión y respeto por las demás formas de vida… ya son los conscientes, ya son los buenos. Y es tanto lo que está mal en este sistema, que hace falta que los buenos no se conformen. Ojalá los buenos no tengan paz, sino mucha fuerza para seguir luchando. #alimentación #vegetarianismo