La gestación de sus bestias se dio cuando publicó un artículo en un periódico donde afirmaba haber construido una criatura que podía ayudar a mejorar el equilibrio ecológico de las costas. O eso publicó el portal virtual de Fundación Telefónica hace un par de años. Pero yo pienso en otra posibilidad.

Me imagino a Jansen como un genio, poseído por estos demonios que rebosan en el éter holandés, consumiéndolo por dentro, taladrándole los sesos, exigiéndole vida, siempre tras de él. Y también me imagino al artista en su taller, con las manos sangrantes de tanto amarrar y cortar tendones, cargando unas ojeras provenientes de noches enteras entregado a sus maravillas.

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Pero también me imagino el escalofrío de sus vecinos al ver galopar estos cadáveres blancos a la orilla del mar, seguidos de los surcos irreconocibles que dejan las patas mecánicas.

Nada de raro tiene que me acuerde de las pesadillas que me provocó el libro de Frankenstein -junto con la obra de Allan Poe y la de Lovecraft-, donde el osado doctor fabricó un monstruo con diferentes cadáveres; monstruo que termina por consumir la vida de todos los seres queridos del doctor y provocar su muerte.

Fue este sentimiento de pavor -mezclado con marejadas de morbo- lo que me obligó a visitar a la jauría en su actual madriguera. Y pude asombrarme cuando encontré en la sala principal del museo una pesadilla hecha de puros huesos, decapitada, con unos pulmones viejos y golpeados, en pleno paseo. El galopar de este animal maldito tiene algo de macabro, como el andar de grandes personajes de las películas de terror que nos regaló el expresionismo alemán.

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Extrañamente, los movimientos son orgánicos, naturales.

Y pienso en la idea de este moderno alquimista, quien con su logrado y perturbador intento de conjugar la ingeniería y el arte, pretende crear, en un lapso de 20 años, una especie de criaturas nuevas, autosuficientes, que puedan seguir estremeciendo a los vecinos y habitantes de las playas holandesas.

Jansen, artista perteneciente a la estirpe de Prometeo y del doctor Frankenstein, busca esquivar el castigo divino y las pesadillas humanas que acabaron con su ascendencia. Y vuelve a la carga, con una paciencia y una voluntad inquebrantable, en la búsqueda del máximo de la humanidad: la creación de vida. Nosotros, humildes espectadores de este lance inverosímil, tendremos que limitarnos con ver este intento. Y aterrarnos. #CDMX #TheoJansen #LAL