Hoy es un día de luto, y de celebración. Hace 33 años, el 30 de mayo de 1984, era asesinado uno de los periodistas más importantes, respetados, temidos y valientes de este país: Manuel Buendía. Fue su compromiso con la verdad y la contundencia de su pluma, el origen y destino de su vida. La muerte suele llevarse tempranamente a los osados: ahí radica el origen de las leyendas.

Muchas eran las flechas que lanzaba este sabueso; sin embargo, sus preferidas eran el narcotráfico y la corrupción, blancos abundantes –más no fáciles- en estas tierras. No es de extrañar que buscaran silenciarlo disparándole a quemarropa, como temiendo que su cuerpo tuviera la misma fuerza y la misma furia que su pluma.

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En su columna del 31 de mayo de este año en Eje Central, Raymundo Riva Palacio menciona un informe donde se asegura que la ejecución del periodista fue ordenada por Juan Arévalo Gardoquí –secretario de Defensa en 1984- y funcionarios de la Secretaría de Gobernación de la máquina del poder en turno. Es bien sabido que la verdad y la risa sólo consiguen grandes enemigos. No por nada, México es actualmente el país más inseguro en América Latina para ejercer este oficio.

Yo supe de él por primera vez en la universidad, cuando en el primer semestre me dejaron leer su Ejercicio Periodístico. En aquel momento no pude abrazar sus textos como merecía –no importa si culpo a la ingenuidad, a mi falta de olfato para el talento o al simple hecho de haberlo leído por vez primera gracias a una obligación académica-.

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Sin embargo, el tiempo, con su eterna paciencia, se encargó de acomodarlo en el lugar adecuado, tanto en mi librero como en mi memoria.

Hace muy poco de esa lectura, y aun así, cada que vuelvo a su lectura, siento sus palabras como una sacudida interior; como si él fuera un detective salvaje, a la Bolaño, impaciente por repartir bofetadas de realidad. No había nacido yo, y tal vez no pueda sufrir como muchos que lo conocieron o lo leyeron cuando aún estaba vivo; pero tampoco puedo permanecer impasible ante la precoz partida de este maestro del periodismo mexicano. Es en realidad un día de luto para el gremio. Sólo me queda honrarlo como sé hacerlo: escribiendo y bebiendo. ¡Chau y salud, colega!

Un año después de esa muerte nació Arcadio Reyes, parrandero y pirata mexicano, hermano de quien escribe esto. Es él quien en sus muchos navegares me mostró el Periodismo -cabe decir que este aventurero es ahora maestro en Periodismo Político, y cabe decir también que ahora, a causa de su espíritu corsario, pedalea y reportea París todos los días-. Es gracias a él que sobrevivo y vivo de esto.

Por él también levanto la copa este día, todos los años; pero esta vez con nada de pesar y sí con mucho orgullo y cariño. ¡Felicidades, capitán! #NiUnoMenos #NosEstánMatando #LibertadDeExpresión