Todo el odio reprimido que tenían dos países latinoamericanos pronto iniciaría una guerra con un simple partido de fútbol [VIDEO], bueno, se puede decir que era importante, ya que competían para clasificar al mundial, que se celebraría en México en 1970, pero es increíble que un gusto popular pueda romper con cierta estabilidad entre los ciudadanos de diferentes países o aficionados con diferentes playeras.

Estos países eran Honduras y El Salvador. El primer partido se jugó en Tegucigalpa, Honduras, pero un suceso cambió la vida de los ciudadanos de ambos países. A los hondureños se les ocurrió la grandiosa idea de irrumpir con la tranquilidad que tenían los jugadores de El Salvador en el hotel donde se hospedaban. Toda la noche estuvieron gritando y haciendo diferentes ruidos y - como era de esperarse - los jugadores no pudieron descansar en absoluto.

Anuncios
Anuncios

Evidentemente el marcador quedó a favor de Honduras.

La pasión por el futbol en Latinoamérica

Una joven salvadoreña no pudo ver a su país derrotado y decidió tomar una pistola y tirar del gatillo. Se rindieron los honores que se merecía esta joven patriota. El segundo partido se jugó en El Salvador y como buenos humanos que somos los latinoamericanos con ese espíritu vengador, los salvadoreños repitieron el acto de hacer ruido toda la noche afuera del hotel en donde se quedaron los hondureños. Repitiéndose la historia de los jugadores con sueño y bajo rendimiento, el marcador quedó ahora a favor de El Salvador.

Este suceso no sólo fue lo que desencadenó una serie de problemas que ya tenían estos países con sus fronteras. El Salvador defendiendo su bandera con orgullo lanzó un bombardeo a Honduras.

Anuncios

El país no estaba preparado para recibir este fuerte impacto. La ciudad y los lugares cercanos quedaron en total obscuridad. Ryszard Kapuściński relata como es que en ese momento Tegucigalpa se convirtió en una zona fantasma, él tenía que escribir la nota para enviarla inmediatamente para que el mundo conociera lo que sucedía con esos países.

Todos los hondureños estaban temerosos, nadie sabía qué pasaría, era un futuro incierto. Inmediatamente el ejército de Honduras salió al ataque. Los dos países se enfrentaron en la frontera que los dividía. El presidente mantenía por télex un intercambio de impresiones con la Embajada de Honduras en Washington, a la que le ordenaba solicitar ayuda militar al Gobierno de Estados Unidos. Con este acto se nota que Honduras no se esperaba una reacción tan fuerte de su rival El Salvador.

En Tegucigalpa estaba todo silencioso. Tiempo después comenzaron a llegar reporteros de diferentes partes del mundo, para informar a sus respectivos países la guerra que surgió en Latinoamérica.

Anuncios

Como cualquier reportero todos quieren una nota y fotografías de calidad y de primer plano mostrando la cruda realidad que se vive en una guerra. El panorama para estos países no era bueno, tanto las tropas de Honduras como de El Salvador se debilitaban y se derramaba mucha sangre de estos valientes soldados que defendían su patria.

Los reporteros querían tomas de toda esta situación, pero obviamente no las podían obtener si se quedaban en Tegucigalpa. Todos ellos pidieron llegar hasta la frontera, algunos querían tomar la cara de sacrificio de los soldados, otros el instante de un bombardeo o ataque por cualquiera de los dos países. El comandante que los acompañaba y guiaba en el largo y pesado camino les advirtió que no sería tarea fácil y el camino era muy peligroso, muchos se quedaron en el camino justificando con cualquier cosa, pero realmente les daba pánico pensar en llegar a la frontera y encontrar un escenario nada agradable o hasta morir en el camino, porque una guerra es incierta, pueden estar quietos por un momento, pero en unos instantes ya tienes una bomba a lado o un balazo en cualquier parte de tu cuerpo que - posteriormente - te quitaría la vida y la gran nota que esperabas mandar al mundo nunca sería leída y tu cuerpo quedaría sepultado en un lugar que no es tu nación.

Los pocos que quedaron entre ellos, el escritor de este acontecimiento siguieron caminando para llegar. En su camino vieron el sufrimiento de los soldados de esas naciones que eran muy pobres, tercermundistas. Antes de ocurrir todo esto tengo que resaltar que varios salvadoreños migraban a Honduras y formaban sus familias en ese lugar y ya ocupaban una parte importante del país, después de la guerra muchos salvadoreños regresaron a su país y otros se quedaron rezagados con el miedo a ser rechazados .

Países orgullosamente en guerra

La Guerra quedó en un punto muerto, la frontera quedó intacta entre muchas montañas. Algo que llama mucho la atención es que los gobiernos de ambos países, por un lado estaban bien con la guerra, ya que finalmente lograban estar en las primeras planas de varios periódicos y en las noticias mundiales, no les importaba que esto debilitara sus naciones, estaban satisfechos de que el mundo conociera el país aunque sea por malas noticias. Pero por un momento el mundo puso los ojos en ellos y eso era un gran logro.

Tengo que citar una frase con la que acaba Kapuściński “Los pequeños países del Tercer Mundo tienen la posibilidad de despertar un vivo interés sólo cuando se deciden a derramar sangre. Es una triste verdad, pero así es”. Esa frase lo dice todo.

Es increíble como un partido de fútbol y el patriotismo de los humanos puede detonar una bomba. Lo único que puedo admirar de estos países es la pasión con la que se entregan a sus países y sus playeras. La Guerra del fútbol hoy en día no acaba, todavía suelen poner en práctica esas tácticas para vencer al contrincante y - por ahora - los países tercermundistas se encuentran en las sombras. Mientras no ocurra una guerra o algo similar, los países potencia no voltearán a verlos. #Violencia #guerradelfútbol #Futbol