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Esta mañana, como muchas otras, amaneció lloviendo en la Ciudad de México. Una ligera, o no tanto, lluvia cayó en gran parte de la Valle de Anáhuac desde la madruga.

Y como por arte de magia, la ciudad se transforma en un caos insospechado cuando se amanece bajo estas condiciones. Si de por sí el que llueva nos lleva a una histeria colectiva, esta aumenta cuando así se inicia el día.

Y es claro, trabajadores, estudiantes, amas y amos de casa que llevan a sus hijos a sus escuelas y cumplen con sus labores profesionales, se ven impedidos por las impertinentes lluvias y posteriores #encharcacimientos e ##Inundaciones que ésta causa: el transporte es más ineficiente que de costumbre; el transito vial, "nomás" no avanza.

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Todo esto porque el sistema de drenaje no se da abasto.

Vivimos sobre ríos y lagos, y rodeados de cerros, ¿como no nos vamos a inundar?

Ante esto, cada año la Ciudad de México sufre de “lluvias atípicas”, según las autoridades, que causan inundaciones y #encharcamientos en diversas partes de lo que alguna vez fueran los antiguos lagos de Xochimilco, Chalco y de Texcoco, que tuvieron que ceder su lugar a la irremediable urbanidad. Así como importantes ríos que hoy son ágiles ejes viales como el Viaducto Miguel Alemán, que fue el río de la Piedad. ¿Les suena familiar?

Lo que resulta curioso ante esta situación, es que se culpa a la lluvia de los problemas ocasionados por estos fenómenos, más que naturales, pero no a las medidas implementadas por la autoridades competentes para el desarrollo de esta, nuestra hoy incólume ##CDMX, y que sufre terribles averías.

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Sabemos que la correcta planificación no es el sello distintivo de esta ciudad.

Y cómo no van ocurrir estas cosas, si es por orografía (o es geografía física) básica. Esto es un valle y estamos rodeados de diversos cerros, de la Sierra de Guadalupe al norte y volcanes al Oriente. Por naturaleza el agua se va a estancar, no de a gratis estuvieron los lagos.

Problema que acarreamos desde el antiguo México-Tenonchtitlan que a pesar de ser grandes ingenieros, no pudieron controlar a la naturaleza y fueron víctimas de estos fenómenos en más de una ocasión, tanto así que cobró la vida del Tlatoani Ahuízotl, durante la inundación de 1502 cuando intentara escapar del agua subiendo a lo más alto de Templo Mayor, cayendo y golpeándose en la cabeza por resbalar a causa del piso mojado.

Durante la Colonia, se decidió que era buena opción que disecaran los lagos para evitar estos problemas. Posteriormente, durante el siglo XX, en pos del progreso, decidimos entubar ríos.

Es más que obvio que ahora vivimos y sobrevivimos las consecuencias de tan brillantes ideas ante panoramas tan complejos, como el de erigir una ciudad en un pantanal en medio de un lago.