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La cotidianidad de mi vida difiere un poco del promedio de la población, son muchas las veces en que yo trabajo, mientras todos duermen y viceversa . El pasado 19 de septiembre la mayoría ejercía sus labores habituales, pero yo buscaba el vestido indicado para esa cita especial, me perdí entre los anaqueles, palpé con calma todas las texturas, me sumergí en los colores, más no lograron conmover mis sentidos, me paré justo frente a aquel corte decorado con rosas rojas, me encantó la silueta, sin embargo la tela no me transmitía nada, lo dejé, lo retomé, lo volví a dejar.

No llevaba ni diez pasos cuando escuché a aquella mujer detrás de la caja - Está temblando - dijo, en primer instancia yo no le creí, ni siquiera había sonado la alarma.

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Volteamos hacia la pared opuesta, todo bailaba como campana de año nuevo, jamás había presenciado algo similar.

De inmediato me dirigí a la escalera de emergencia, pero tras unos segundos, me quedó claro que me sería imposible bajar desde aquel quinto piso. Todos trataban de aproximarse a la puerta, varios se cayeron en el intento, la magnitud de las vibraciones era tal que te impedía incluso caminar, yo me asusté al saber que aquel podría ser el último día de mi vida, me mantuve alerta, esperaba la voluntad del edificio para poder actuar, como si fuera posible brincar entre los bloques de concreto hasta encontrar alguna salida. A lo lejos, tal cual música ambiental, se escuchaban gritos, sollozos y llanto a plenitud. No sé cuanto habrá durado, pero para mí fue realmente breve.

Tras el clímax del temblor desalojamos el edificio, aun vacilaban de un lado a otro los objetos colgantes, pero todos logramos salir a salvo, yo tenía miedo del cuadro que nos esperaba a la salida, para mi sorpresa todo estaba en su lugar: Palacio Nacional, los hoteles, La catedral - ¡Qué fuerte eres centro histórico! - pensé con singular orgullo.

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La histeria de algunos se manifestó, a mi derecha una mujer lloraba a cántaros, a mi izquierda un hombre imploraba que cediéramos ante la ira de Dios, yo sólo podía sonreír de la felicidad de saberme viva.

Me quedé ahí, integrada al colectivo, poco después algunos amigos se unieron a mí, su relato era tan diferente del mío, me contaron como volaban los vidrios, la forma en que las banquetas se levantaban, el crujir de los edificios, en fin, para entonces se reían de sus reacciones. Por otro lado, en las redes sociales transmitían videos e imágenes del derrumbe de múltiples construcciones, del incendio, de los rostros traumatizados resultado del impacto del terremoto. [VIDEO]

Aproximadamente tres horas era el promedio de tiempo para salir de la zona centro, yo tardé otras tres en llegar a la carretera, a las 9 p.m., finalmente arribé a la Puebla de todos mis amores, me senté cinco minutos frente a la pantalla de la sala, la realidad superaba por mucho mi imaginación.

Retomando el día a día

Durante toda la semana el terremoto ha sido el tema central de los noticieros, las redes sociales, la conversación de la sobremesa, desde Frida Sofía hasta las despensas vacías de Peña Nieto, hemos repasado las donaciones de los famosos, el etiquetado del DIF, los videos de Belinda con pala en mano, la sorpresa de la actitud de aquellos que algún marketero categorizó como #Millennials, el si y el no, lo bueno y lo malo, la confianza y el rencor social, la solidaridad de tantos vs los… no sé como llamarlos, pero son esos que parecen estar en contra de todo, a favor de nada.

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Entre algunos el ambiente es de caos [VIDEO], de desolación, de trauma, hay otros que bien podrían representar a Juárez frente al aire, algunos más no dejan de hablar del México solidario y unido, para mí todo ello significa un México dividido, una población que hoy en día vive en países diferentes aun perteneciendo a la misma zona geográfica.

¿No es acaso el momento correcto para agitar nuestra percepción #Política-social? Si, abrir bien los ojos, los oídos, analizar las noticias, entender qué no somos PRI contra Morena, derecha contra izquierda, optimistas contra realistas, identificar que conformamos entre todos un solo país cuya población merece y trabaja por obtener calidad de vida.

¿Cómo haremos frente a esta tragedia nacional? Sí nacional, no le pasó a Oaxaca, a Chiapas, a Ciudad de México, a Puebla, a Morelos, a Guerrero, le pasó a #México. ¿Se han puesto a pensar que tan sólo CDMX y Puebla representan dos de las entidades más productivas a nivel nacional?, y ¿lo que significa la parálisis de todos éstos estados para la economía de nuestro país?

En toda buena crisis, los defectos y virtudes aprovecharon la ocasión para emerger, este es el momento perfecto para erradicar (al menos procurar) nuestros males y maximizar esa identidad que nos ha denominado como un país como cálido, amoroso, multicultural, diverso, bello, creativo, etcétera.

Ojalá que se active nuestra memoria tras rezarle a nuestros muertos y festejar a los sobrevivientes, que no se nos olvide Mara, la trata de personas, el tráfico de órganos, el narco, la violencia y la inseguridad generalizada, que dejen de circular las noticias que dan pie a la división poblacional, que tengamos muy presente que una y otra vez nuestro #Gobierno se ha burlado de nosotros en nuestra cara con brutal descaro, que se nadie acepte una despensa a cambio de un voto, que los actos de campaña demagógicos se detengan ante la falta de público, que las urnas se llenen y escojamos al “menos peor”, si es posible, que surja de entre nosotros el mejor, que nuestro México no se levante, ¡que se reconstruya! de abajo hacia arriba, de arriba hacia abajo, de adentro hacia afuera, de afuera hacia dentro. #SISMOCDMX