Anuncios
Anuncios

Afortunadamente estoy aquí. Y es que no importa cuántos años hayas tardado en egresar de la licenciatura, el costo que esto implicase, las noches en vela que pasaste, o las puertas que te esfuerces en tocar antes de salir. De todos modos, trabajar está más abrazado a una alineación de los astros, que a un correcto y estandarizado proceso de selección.

Se ha debatido en un pasado no muy lejano, sobre la postura de las empresas que exigen experiencia de dos o más años para ocupar un puesto. Cuando tú solo tienes unos meses de haber dejado la escuela con birrete en mano. Pero, por absurdo y existente, este no es el único problema.

Anuncios

Está también la otra cara de la moneda.

Después de perder el último empleo por diferencias irreconciliables, como argumentan los matrimonios de hoy día, y con las tarjetas a tope, caí en las garras de una empresa de cobranza telefónica. En serio, con la alacena vacía, la decisión no parecía tan mala. Podíamos doblegar nuestros ideales para salir al paso el resto del año. La cosa viene, cuando quien te entrevista, es un muchacho claramente con menos capacidades que las tuyas. Todo esto sin ánimos peyorativos, pero cuando terminas direccionando tú la entrevista para ofrecer tus mejores argumentos laborales, claramente eso no va bien.

Lo poquito que vales por lo que sabes

De todos modos, y si logras entrar a capacitación, aquello se vuelve la Santa Inquisición: ¿Dónde has trabajado? ¿Por qué estás aquí? ¿Cuánto tiempo quieres durar en la empresa? Y una bola de cuestionamientos que yo encontraría justificados, hasta que estos se convierten, con la sagacidad de un zorro que acorrala a su presa, en la oportunidad ideal para hostigar y orillar al sujeto a decidir voluntariamente que no, no es en definitiva la empresa ranqueda en el top ten de Great Please to Work, el lugar donde uno pueda trabajar.

Anuncios

Y es que claramente, si has ocupado un puesto académico o gerencial por tus alcances cognitivos, si tratas de estar ahí unos cuantos meses para saber si en realidad es un empleo que te satisfaga, o si en efecto usar uno de esos bonitos trajes es aspiración de todos, eres una persona sobre calificada para el puesto y por consecuencia un peligro, un ser temerario que tuvo el descaro de tocar a su puerta para ganar en pan sin pensar antes en sus intereses mercantilistas. De un mercado con sus tiranos intereses que premian la falta de preparación; cáncer de un país con los índices más altos de ignorancia y desinformación.

La cosa fue que no me dejé y llevaba mi mejor traje, perdiendo el perfil bajo, que, por experiencia de un sector de recursos humanos, mayormente ocupado por pretenciosos e iletrados, debía conservar. Pero no, ni al camión te dejan llegar. Eres echado como un perro que mágicamente y después de tres vueltas a la oficina de recursos humanos, no aplica. “El perfil no es idóneo, lo sentimos”.

Anuncios

La extensión de la ignorancia

El coraje me duró poco, esa misma tarde me llamaron para confirmar que me publicaban un segundo cuento, encontré un libro por una ganga y solo me hicieron perder un par de días. Claro, usaron los pretextos más bajos para fastidiarme, por ejemplo, mi aspecto físico, y aunque esto me pareció en un principio discriminación laboral en pleno siglo XXI, pensé también, con la cabeza más fría, que no era más que la extensión de la ignorancia.

Esto desde luego puede cambiar gradualmente con las competencias adecuadas, pero eso es reflexión de otro momento. Mientras tanto, trabajar en México sigue siendo sudor, corajes, y mucha, mucha fortuna. #DiscriminacionLaboral #LaFortunaDelTrabajo