Los avances en los estudios periciales en todo el mundo han ido avanzando en todas los estudios que corresponden a las ciencias forenses, lo que ha hecho dicha labor se lleve a cabo cada día con mayor exactitud. Sin embargo, en México parece detenido en el tiempo, en un aparente rezago (el cual, muchos juzgarían de intencional y no de circunstancial).

Ejemplo claro del poco profesionalismo con el que trabaja el poder judicial mexicano es el caso de los 11 detenidos tras los disturbios del 20 de noviembre del presente año. A estas personas se les atribuyeron una serie de delitos que iban desde la tentativa de homicidio hasta terrorismo, con base en argumentos, que en su mayoría, atañen al lenguaje pero carecen por completo del profesionalismo y sustento ofrecido por la lingüística forense.

Para quien no conozca la disciplina, la lingüística forense es la interfaz entre la lingüística general y el derecho, para poder proporcionar elementos probatorio en las áreas pero particularmente en el lenguaje probatorio (que es todo aquel que hace referencia textos –sentu lato– que pueden servir para definir la culpabilidad o inocencia en algún caso, que pueden ser desde mensajes de voz, mensajes de texto, etc.). Esta disciplina está aún en pañales, pues no tendrá ni más de 70 años de su existencia; empero, eso no quiere decir que no sea lo suficientemente robusta para servir.

¿Cuáles fueron los argumentos lingüísticos que presento la PGR contra los detenidos? ¿Eran sustentables? Uno de estos elementos fue el famoso y controvertido “compa”, que era el apodo que supuestamente usaban para identificarse entre los distintos detenidos, por lo que se pensó que se trataba de un grupo delictivo. La sociolingüística mencionaría que se trata de un elemento propio de un dialecto social, perteneciente a un grupo social completamente amplio; por lo que sería demasiado difícil establecerlo como un elemento probatorio para establecer lazos de delincuencia organizada. Piénselo, ¿cuántos mexicanos no irían a la cárcel ese mismo día por haber dicho “compa” (puesto que presupondría su complicidad y su lazo de relación)? Las cárceles hoy estarían saturadas.

El otro cargo que se les atribuyó fue el de tentativa de homicidio por gritar cosas como “muera Peña”, “muera el PRI” y “que muera ese pinche perro (?). No se cuenta con ninguna prueba tangible, entiéndase grabaciones o alguna otra, para poder atribuir claramente la autoría de dichas frases con las personas detenidas. En la plancha del Zócalo, en la que había miles de personas, no había ninguna posibilidad para afirmar aristotélicamente que las frases fueron de los detenidos. Sin embargo, ¿y si lo fueran quienes lo dijeron? Existiría un problema: el contexto en el que son dichas las cosas, ya que eso determinará el significado (si pleno o metafórico, además del entramado semántico) con el que son dichas las frases. Aunque existen marcadores en el discurso que nos ayudarán a determinar la veridicción de ciertas frases (así como elementos acústicos, propios de la fonética), aún es imposible leer la mente de las personas, por lo que también es imposible saber con qué sentido dijeron las cosas.

Ante estos casos en los que los argumentos se sostienen con tanta fragilidad como un castillo de naipes, bien podrían armarse casos que sí serían bastante sólidos para diversas personalidades respecto a sus declaraciones en redes sociales o en entrevistas o en cualquier otro lado.

Por poner un ejemplo, hace unos días, diversos medios locales informaron sobre el funcionario priísta Juan Carlos Carrera que declaró en su cuenta de facebook “Ni se me aparezcan los putos normalistas que los vuelvo a matar”. Aunque el mensaje es mucho más amplio, este fragmento hecho en su cuenta de facebook el día primero de diciembre del año en curso, a las 10:58 p.m. (tal como lo atestiguan las distintas tomas de pantalla de la cuenta), lo vinculan claramente con ese texto, empero, si llegase a quedar duda, podría hacerse un análisis estilométrico para establecer el grado de autoría. Por el lado de análisis del discurso, él mismo se está asumiendo como autor de las desapariciones (y supuesta muerte) de los normalistas recién desaparecidos. Sin embargo, a este elemento del revolucionario institucional sólo se le cesó de su cargo, si más, si averiguación, sin cargos de secuestro, homicidio y algunos otros más. #Gobierno

¿Por qué la PGR trató con tanta rigidez a los detenidos del 20 de noviembre y a Juan Carrera con tanta ligereza? Esa es la pregunta.