El tema de las fotomultas por exceso de velocidad o de los retenes antialcohol es uno que provoca demasiado escozor entre la población que ve en esos operativos un interés meramente recaudatorio por parte de las autoridades.

No es, sino hasta que los detractores de las medidas de seguridad experimentan o son testigos de una tragedia, que entienden el verdadero sentido de respetar los límites de velocidad o de no conducir cansados o bajos los efectos del alcohol.

El de la prevención es un tema recurrente, pero que no termina de rendir frutos.

Un caso: el pasado miércoles 9 de febrero se registró un accidente que conmocionó a la población de Saltillo, capital de Coahuila, en el que murió un pequeño de 4 años, luego de que su madre estrellara el auto en que viajaban contra un poste.

Según la nota del periódico local Zócalo Saltillo, la mujer conducía su vehículo a exceso de velocidad pues iba tarde a dejar a su hijo al colegio. La falta de pericia provocó la tragedia y enlutó a una familia en cuestión de minutos.

En México, los accidentes viales constituyen la segunda causa de muerte entre la población joven, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), y son provocados principalmente por esos dos factores, el exceso de velocidad y el consumo de alcohol.

Pero esos accidentes, además del dolor moral por las lesiones o muertes provocadas, también dejan millonarias pérdidas: más de 70 millones de pesos cada año, por atención médica por servicios funerarios.

Vienen además los daños económicos y operativos provocados a las empresas y a las aseguradoras por la muerte de sus trabajadores y los pagos de seguros y pensiones.

De ahí la importancia de de que los gobiernos no bajen los brazos en materia de prevención de accidentes, con mayores operativos y multas más enérgicas –no necesariamente económicas‑ en contra de los infractores, aun cuando el costo político para ellos sea muy alto.

Al final del día seguramente se les reconocerá su esfuerzo por hacer sus ciudades más seguras. #Viral