El paso del tiempo siempre tiene efectos extremos: puede sanar heridas, hacernos perdonar, olvidar y superar los momentos difíciles de la vida, pero a su vez puede modificar los pensamientos de las personas hasta el grado de degradarlos y perjudicar cada emoción con algo perverso. Sin embargo, algo tan relativo como el tiempo no puede ser el único culpable de los hechos que se ven hoy en día, por el contrario, se trata de cómo nosotros, como seres biopsicosociales, nos dejamos llevar por el mismo.

Hace algunas horas en el estado de Coahuila, México. Se dio a conocer la noticia, aparentemente jocosa, de tres menores que ingresaron a robar lápices de colores a un jardín de #Niños. Los jóvenes fueron detenidos por la policía municipal y presentados ante la autoridad correspondiente, quien dictaminó que debían recibir atención psicológica.

La noticia parece superflua, comparada con lo que vemos a diario en las noticias, no obstante, ¿se ha puesto a analizar la profundidad de este ilícito? Actualmente en México, cinco mil niños han sido procesados por cometer delitos. Otros 16 mil, que durante 2014 cometieron otra serie de delitos, han recibido tratamientos específicos como pena por sus crímenes, según lo reporta el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social.

Obviamente, los motivos son múltiples, pueden abarcar desde precarios niveles socioeconómicos, hasta bajo nivel de estudios (que en ocasiones ambas características se presentan en un mismo caso) sin embargo, analizando muchas de las dinámicas familiares en las que se desarrollan estos niños, se ha detectado un patrón fundamental: el padre es ausente o violento. Recordemos que el padre, aunque parezca un estereotipo, ha sido visto siempre como el eje central de la autoridad, al no percibir una imagen sólida de esta figura básica, la crianza del niño puede verse afectada. Actualizando este dato hacia la variedad de familias que existen, podemos referirnos a una figura principal de autoridad sin importar el sexo.

La integridad de las familias de esta era se está viendo comprometida, podemos culpar a las redes sociales o a la mala economía mundial. La primera actuando como medio de comunicación negativo, que brinda a los menores datos que no son del todo apropiados para sus respectivas edades (ya sea sexo, política, modas, etc) y la segunda, ejerciendo una presión insoportable a las cabezas de familia que lógicamente estarán más preocupados en cómo pagar la renta que vigilar lo que el niño está observando en Facebook.

Algunos de los principales delitos por los que han procesado a menores incluyen robo con violencia (35%), homicidio (22%), delitos contra la salud (19%), secuestro (15%), entre otros. Ahora los pequeños hurtos no suenan tan superfluos, ¿cierto? Mucho se dice acerca de la “pérdida de la inocencia”, sobre niños que tienen que lidiar con un mundo confuso, hostil y competitivo, en donde obtener lo que se quiere ya no se consigue con trabajo duro y esfuerzo, sino con violencia y agresión. Muy pocos son los casos de jóvenes que realmente están siendo criados con los valores de la vieja escuela (estudiar, graduarse, trabajar y construir su propio patrimonio). En pocas palabras, los niños de este tiempo están perdiendo la capacidad de soñar, percibiéndose en ocasiones como “desechos” o “estorbos”. ¿Qué les estamos haciendo a nuestros pequeños? #Psicología #Salud mental