Abriendo el libro de la historia veríamos muchos capítulos en torno a los alrededores del Bosque de Chapultepec. Digamos para abreviar que hay momentos clave desde la época prehispánica en los cuales la región sirvió de escenario principal.

Durante el México Independiente, los barrios alrededor del parque, sobre todo hacia el centro, comenzaron a fraccionarse. Lo que antes era geografía de particulares denominación empezó a repartirse con la modernidad de Don Porfirio siguiendo el Paseo de la Emperatriz donde ahora se construye el Siglo XXII.

Pronto serán 4 los rascacielos a cien metros de donde también se excavó el foso para dar cimiento a la Estela de Luz. Siempre dudamos de la sustentabilidad en estos proyectos pues todo debería estar calculado en proporción a la misma agua que requerimos los vecinos de los edificios y casas cuasi centenarias.

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Se siente el abuso de inversionistas quienes opinan todo lo contrario a la lógica del equilibrio ambiental. Una torre así: ¿Cuántos coches retiene en sus entrañas?... ¿cuánto peso soportará la superficie de la tierra?, ¿cuánto ganarán sus ejecutivos en conjunto?, ¿a cuántos cuidadores, guaruras, secretarias y sirvientas dará modo de vida?

¿Cuál será el límite en esta fórmula de ciudad?, ¿cuál es la caducidad de los recursos si el Gobierno y los privados apuestan todo a seguir construyendo? Tampoco les importa si se añaden toneladas de polvo y ruido a nuestra vivencia. Todo queda muy bonito, ya lo hemos celebrado, pero que caso tiene si provoca un atascamiento paulatino.

Denunciamos por este medio los inevitables peligros a los cuales quedamos expuestos. No digamos nada ahora de las maravillas en la primera sección del parque o en el Paseo de la Reforma.

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Lo que queremos proponer es un problema más doloroso aún, cuando este crecimiento o desarrollo destruye las plazas cívicas imponiendo la brutalidad de las masas.

No es criticable que se requieran mejoras por encima de las ya hechas. No nos metamos ahora en si todas sus decisiones fueron criminales para el vía andante. No citemos ahora si es mejor lo que había o lo que hay ahora donde alguna vez hubo una isla de comerciantes.

En varias estaciones del metro se sentirá ese ambiente de laberinto interestelar. En cosa de un año quitaron a todos. También quitaron a los que estaban enfrente de los Pollos que causaban malas vibras, si bien vendían cualquier cosa. En su lugar, afuera del metro, hay una nueva marca en el expendio de la gasolina y un Hospital de la Mamá.

¿Pero ha mejorado el comienzo del bulevar de Veracruz? Se rescataron dos bellas estatuas (una ya desapareció); que antes servían para agarrar los puestos, pero ¿funciona mejor todo esto al compás del nuevo estacionamiento del IMSS y la gran estación de movilidad en autobus?

El crimen está en la negligencia para resanar una fractura que tiene la plaza antes circular cuya estructura está rota.

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Aparte la renovación trajo una serie de construcciones de mal gusto y unas bardas con reja de gallinero. No sabemos porqué no se ha invertido un proporcional crédito para reivindicar la dignidad de este monumento.

Ahora está mas 'gacho' cruzar a pié para los rumbos del Museo de Antropología. Los coches imponen ese reto cotidiano con la capacidad de las vías. Ahora súmenle el flujo de los miles de camiones que de cualquier modo hacían base aquí. #turismo cultural #denuncia ciudadana #Crónica Ciudad de México