Cuando atardece en los bellos parajes costeros mexicanos las mujeres deben ir acompañadas de uno o dos guardaespaldas bien machos para evitar que las secuestren. En la costa de #oaxaca no hay policía, no existe el crimen y nunca pasa absolutamente nada. Las mujeres que, de noche, van solas tienen "la culpa" y provocan que les pase algo.

Una periodista del periódico El País y una amiga se encontraban en Mazunte en la costa de Oaxaca. Se alojaban en uno de los hoteles más conocidos de la zona situado en una de las calles más importantes con conexión a la playa del Rinconcito. El pueblo en sí carece de un alumbrado decente sólo hay algo de luz debido a que algunas casas poseen un farol en sus puertas. Es algo insólito ya que Mazunte es una zona altamente turística por la belleza de sus paisajes y su naturaleza.

Una noche, en torno a las dos de la madrugada, las dos amigas dormían placidamente en su alojamiento. Unos ruidos bastante notorios las despertaron y, con el miedo en el cuerpo, pensaron que alguien acechaba dentro de la cabaña. Sin pronunciar una palabra, escuchaban las pisadas y los múltiples tropiezos en aquella oscuridad. Paralizadas por el miedo decidieron hacerse las dormidas pero cambiaron de idea y salieron de la estancia temblando como hojas.

Las dos amigas llegaron a la recepción del hotel, la cual sorprendentemente se hallaba desierta, buscando ayuda y auxilio pero se vieron solas. Sin saber que hacer pidieron ayuda a una pareja la cual les dijo: "Aquí no hay Policía, chicas. Regresen y despierten al encargado de su hotel". Las dos chicas cogieron el camino de regreso al hotel en medio de la oscuridad. Tratando de buscar al responsable del hotel, unos hombres las abordaron diciéndoles: "Guapas, guapas, ¿adónde van tan solas? Ellas no hicieron mucho caso pero cuando otro hombre, más adelante, hizo lo mismo se dieron cuenta de que aquello que estaba pasando no era normal.

De repente en el último tramo de la calle dos motocicletas sin luces se acercaron a las dos mujeres y las cortaron el paso. Entonces entendieron que eran los que habían entrado en su cabaña. Blandiendo una barra de hierro intentaron agarrar a las chicas. Pero ellas, presas del miedo pero impulsadas por su instinto de supervivencia,se separaron. La amiga de la periodista corrió desesperada pidiendo ayuda. La propia periodista escapó de tres hombres que la seguían hacia una casa que estaba cerca. Llamó golpeando la puerta sin mirar atrás y, al no recibir respuesta, se introdujo en un baño externo de la casa, cerró la puerta con el pestillo y esperó rezando que no la encontraran.

La amiga recibió ayuda de unos hombres que la oyeron gritar.Estaba aterrorizada viendo que su amiga estaba acorralada por aquellos hombres que la acechaban. De la casa salió su dueño aturdido por el sueño y las altas horas a la vez que los cuatro hombres huían despavoridos en una camioneta blanca. Cuando la periodista oyó el ruido de los motores alejarse salió de su escondrijo y se alegró de estar viva. El recepcionista del hotel dijo que escuchó los desesperados gritos de auxilio pero se quedó impasible ante la indefensión de estas dos mujeres. Los vecinos recriminaron a las chicas: "¿Por qué salieron solas a la calle, no sabían que se estaban exponiendo?".

Que aquellas cosas allí no pasaban y qué casualidad que aquella noche no había patrulla según les dijeron en la comisaría de policía al día siguiente de los hechos. Solas en la noche y solas con su miedo salieron de la angustiosa situación. Pero en Oaxaca nunca pasa nada... #mujer #México