El escritor y periodista mexicano, Diego Enrique Osorno, autor del libro “La guerra de los Zetas”, escribió que una vez un amigo le dijo que estaba exagerando cuando se definió miembro de la generación Zeta y que, según su diagnosis, estaba sufriendo del llamado sentido de “culpa del sobreviviente”.

El testimonio de Diego Enrique Osorno

“Controlé en mi elenco personal de personas conocidas asesinadas en este contexto histórico - escribe Osorno – y conté quince. Cuatro mujeres y once hombres que conocí sólo superficialmente, en circunstancias de rutina de trabajo (una rueda de prensa, la visita a un barrio, un encuentro oficial) y que un día desaparecieron en esta neblina teñida de rojo… Cada vez que se de la muerte de alguien que conocí, llega el momento en el que me pregunto: ¿por qué mueren ellos y no yo?, ¿me tocará a mí un día?, ¿terminaré por tener también yo uno de esos epitafios de ‘daño colateral’ que se encuentran siempre más comúnmente en los cementerios mexicanos?”.

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El riesgo de ser periodista en México

Y es que #México es un infierno para quienes ejercen la labor periodística. Considerado uno de los tres países más peligrosos del mundo para los #Periodistas (los primeros dos son Siria y Afganistán, donde en este momento están en curso dos guerras de dimensiones globales) en el último mes y medio en México han muerto cuatro periodistas. El último de ellos fue Maximino Rodríguez Palacios, quien fue asesinado ayer en una tienda de La Paz, en Baja California Sur.

El reportero de Colectivo Pericú

Rodríguez, quien trabajaba como reportero del Colectivo Pericú, fue asesinado en plena luz del día. Estaba estacionando su carro en una zona especial donde vivía con su esposa, quien no puede caminar y vive en una silla de ruedas, cuando un ráfaga de balas le quitó la vida.

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Según algunos medios mexicanos, el cuerpo de Rodríguez Palacios recibió 15 disparos que pertenecen a un arma de alto calibre.

El periodista asesinado se ocupaba de la sección de Crónicas policiales y de Seguridad de la página web de Colectivo Pericú. Tenía 73 años. Su esposa, quien se encontraba con él en el momento del ataque, no resultó herida.

Una serie de casos impunes

“Exigimos a las autoridades su empeño en la aclaración de este y muchos otros crímenes contra periodistas que siguen impunes - escribió la dirección del periódico en el que trabajaba Rodríguez Palacios -. Han dejado a familias destrozadas por el dolor… No existen garantías para ejercer el periodismo crítico”. Por ahora, las autoridades no se han pronunciado sobre el caso y no se sabe si fue abierta una investigación.

La muerte de Miroslava Breach

En el mes de marzo otros tres periodistas mexicanos fueron asesinados y un diario tuvo que cerrar porque las intimidaciones y el riesgo en contra de los profesionales de la información había alcanzado niveles intolerables.

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El caso más sonado fue el del asesinato de la periodista Miroslava Breach. Le dispararon en la puerta de su casa, en Chihuahua, en presencia de su hijo. La mujer de 54 años se se preparaba para llevarlo al colegio. Era corresponsal del diario La Jornada y escribía también para El Norte de Chihuahua. Se desempeñó como directora editorial de El Norte de Ciudad Juárez.

En las últimas semanas también han sido asesinados los periodistas mexicanos Cecilio Pineda y Ricardo Monluí Cabrera.

El futuro de viejos sueños

El pánico golpea principalmente la moral y luego la razón, según el escritor Osorno. Sin embargo, en “La guerra de los Zetas” el periodista exclama que sigue confiando en el futuro en el nordeste de México porque “el miedo y el pánico no son enfermedades incurables. Más tarde que temprano lograremos sacar de la gaveta viejos sueños como aquel de un País sin desigualdades, un País donde reina una democracia efectiva, donde hay justicia… Lograremos cerrar definitivamente este libro de cuentos de terror con el que nos dormimos cada noche”. #drogas