El pasado 3 de mayo en el municipio Palmar de Bravo del estado de Puebla, quedó clara la falta de preparación del ejército mexicano para realizar labores de patrullaje. Un #Video que se hizo público en redes sociales nos permite ver cómo se desarrolló el enfrentamiento entre el ejército y los presuntos huachicoleros que controlan el conocido triángulo rojo, conocido así por ser una de las principales zonas de robo de combustible a PEMEX por la vía de tomas clandestinas en este estado.

Hay tres errores muy graves en el accionar del ejército que cobraron vidas y hay que resaltarlos en el desarrollo del enfrentamiento:

Primero - someten a un civil que portaba chaleco antibalas, esto es importante notarlo pues nos habla de una persona preparada para enfrentar balazos, y cuando hay balas, hay armas y lógicamente debía llevar consigo mínimo una pistola, tal y como sucedió.

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Uno de los soldados arroja al suelo al presunto huachicolero y se preocupa más por asestarle una patada, que por revisar si portaba arma y de ser así desarmarlo, nunca se preocupó por someterlo de forma definitiva o mínimo nunca dejar de vigilarlo bajo resguardo de compañeros para no ser sorprendido mientras fija la mirada en el objetivo.

Segundo - contrario a una vigilancia sobre el huachicolero capturado, todos corren hacia una dirección opuesta dando la espalda en total descoordinación y descuidando al civil que se presumía sometido y es este quién desenfunda su arma y ancla su dedo en el gatillo hasta vaciar el cargador contra los soldados cobrando la vida de uno de ellos.

Tercero – Ya bajo la situación controlada y teniendo capturados a sus enemigos, un soldado termina de cerrar la cuota mortal apuntando su arma larga a la cabeza de un presunto huachicolero tirado bocabajo y sin titubeo alguno jala el gatillo al más vil estilo del “tiro de gracia” característico del crimen organizado, es decir, la ejecución de un civil ya sometido y en estado indefenso a manos de un miembro del ejército mexicano, nada digno de un soldado.

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Es este error el que seguramente tendrá un alto costo mediático para el ejército mexicano y para el gobierno de Enrique Peña Nieto, quién ya carga entre otros con el “caso tlatlaya”.

Es fácil encontrarte sentado en la comodidad de tu escritorio para analizar el video, verlo diez veces para resaltar los errores de los soldados y hacer una crítica, es real nuestra ausencia en el lugar y desconocimiento de la sensación de ser alcanzado por una bala mortal cuando te encuentras en situación de fuego cruzado, donde dicho sea de paso debes tener templanza para mostrar control e inteligencia con la adrenalina a tope para salir con vida de ahí, y aún después de tener todo bajo control nos cuesta mucho trabajo armonizar nuestras emociones contra el enemigo, con mayor razón si te atacaron y observas compañeros, amigos quizá en estado mortal.

Sumado a esto sabemos que patrullar no es una labor del ejército y quizá por eso su falta de pericia, pero si nuestros soldados heredaron esta función de seguridad por tener una policía coludida con el crimen organizado en la mayoría de los Estados del país y no sabemos cuándo volverán a ser confiables, y si el ejército viene haciendo esta labor desde años atrás, me pregunto, ¿por qué fallo tanto en esta ocasión?

Enfrentar día a día delincuentes con armas de gran poderío, sin titubeos para matar, dispuestos a cualquier cosa con tal de amasar riqueza y vivir lo que conlleva tenerla sin importar si es un año, diez o un mes, no es una tarea fácil, se enfrentan a personas que ya han perdido el respeto a la vida, que tienen ya carestía de alma humana.

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Son estas características las que no deben permear en el alma de los miembros de nuestro ejército, porque hechos como el registrado en Palmar de Bravo el pasado 3 de mayo, nos hacen pensar como diferenciar a un soldado del ejército mexicano de un soldado del crimen organizado, más allá de su uniforme o vestimenta. #Gasolinazo