Tal vez el nombre de Jaralambos Enrique Metinides Tsironides no nos dice mucho, pero si nos referimos a el “Niño Fotógrafo” tal vez tengamos una idea. Enrique Metinides nace en la Ciudad de #México en 1934, descendiente de una familia de inmigrantes viviría en la capital lo suficiente para comenzar una exitosa vida, siendo el inicio de todo a sus siete años, por un simple regalo de su padre: una cámara y una bolsa llena de rollos de película; pronto se vería al pequeño Enrique tomando fotos de vehículos chocados en la delegación, además su carrera con la lente fue influenciada fuertemente por su afición a los filmes de policías y gangsters.

Primeros pasos con la cámara

Su carrera dio el gran paso, gracias a un choque en junto al restaurante de su padre en San Cosme, el pequeño Enrique salió disparado a tomar fotografías, mientras al lugar llegó un fotógrafo de La Prensa a tomar evidencia de lo acontecido, siendo de su curiosidad ver a un infante con cámara en mano tomando imagen de la tragedia.

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El fotógrafo extrañado le pidió al niño que acudiera al periódico para ver el trabajo hecho, una vez con el visto bueno y admirado por el talento nato para la fotografía, sería el asistente del que después sería su colega, en la prensa de nota roja.

Las visitas al forense y la delegación eran un común denominador para un niño que sorprendió a sus mayores tomando fotos por toda la ciudad, teniendo como recompensa que sus imágenes siempre fueran seleccionadas para aparecer con grandes encabezados. Todo esto ocurría cuando aún acudía a la escuela. A sus 14 años ya contaba con un salario de otro periódico de gran relevancia, Zócalo sumándose como colaborador también a las revistas ¡Alarma!, Crimen y Nota al Crimen.

Como toda persona Metinides tuvo grandes ideas para ser el mejor en lo que le apasionaba, al igual que Weegee (fotógrafo y reportero gráfico ucraniano reconocido por sus sangrientas fotografías en blanco y negro).

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Consiguió un radio de policía para escuchar los accidentes, así tendría oportunidad de llegar antes que nadie y lo consiguió, en varias ocasiones fue importante su presencia, ya que actuó como voluntario ayudando a los propios accidentados; posteriormente la Cruz Roja le daría permiso para acompañarlos, siendo de gran ayuda. Al estar tan cerca de los paramédicos se percató de lo tardado que era comunicar un accidente, surgiendo la serie de claves que actualmente se usan para la comunicación por radio.

Ya con la jubilación (forzada) en el horizonte, un sector inesperado comenzó a voltear a ver su trabajo, dándole un valor artístico que no se esperaba encontrar. El auge de su trabajo llegó al punto de exponer sus fotografías en las galerías más importantes de América y Europa, quedando su trabajo también en una antología con el título “Las 101 Tragedias de Enrique Metinides”, todas las fotos seleccionadas en persona.

Debido a la particularidad de su trabajo, varias personalidades y organizaciones no sólo han reconocido su trabajo en exposiciones, también en varias ocasiones ha recibido premios por el mismo gobierno Mexicano, así como asociaciones especializadas y marcas de sus equipos, lo curioso de todo es que Enrique nunca ha acudido a la entrega de sus reconocimientos fuera de México o donde sea necesario llegar en avión.

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¿El motivo?, miedo a volar, tantas tragedias ajenas lo hacen pensarlo más de una vez.

Nada es color rosa en las profesiones y oficios, dentro de la carrera Enrique se encuentran infartos, costillas rotas, accidentes automovilísticos, dedos rotos entre otras situaciones que son gajes de su oficio, pero estos infortunios le permitieron encontrar un factor importante para su trabajo, “el mirón”, englobando a las personas que se acercan al momento de la catástrofe, sin sus rostros de angustia, lágrimas de dolor, la fotografía de nota roja no tendría la misma impresión.

Sin duda, Enrique es una inspiración para los amantes del arte de la fotografía, aunque ahora sería complicado tener a un pequeño en la estación de policía tomando fotografías de cadáveres (los tiempos cambian), podemos quedarnos con la enseñanza de alentar a nuestros jóvenes a hacer lo que realmente les apasiona. Nunca se sabe si dejarán huella en la historia nacional como lo hizo “El Niño Fotógrafo”. #CDMX #Cultura Ciudad de México