Mireya, de tan sólo 38 de edad, tomó esta decisión el pasado 7 de junio. Un juez familiar había decidido pocos días antes quitarle la patria potestad de sus tres hijos, obligándola a entregarlos a su ex-marido. Luego de un largo juicio en el cual se acusó al padre de abuso sexual, las autoridades descartaron los testimonios de los niños y declararon “alienación parental” por parte de Mireya. Debido a su historial de depresión, Mireya fue también declarada incapaz de cuidar a sus hijos, por lo que se le otorgó la custodia a su ex-marido.

Antes de que esto sucediera, Mireya tomó una decisión drástica. La mujer hizo que su hijo Emiliano de 10 años y sus gemelas Arantza y Regina de 6 ingirieran un veneno que les causaría la muerte.

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Más tarde repetiría lo mismo con sus padres. Dejó instrucciones precisas, una carta, una pistola calibre 25 con tres balas (para ser usadas contra los niños en el caso de que éstos sobrevivieran al veneno), además de un fajo de billetes para cubrir los gastos del entierro. Los seis integrantes de la familia fueron encontrados en el dormitorio principal junto a una biblia y un crucifijo.

La abuela sobrevivió y se encuentra en terapia intensiva, se espera que se recupere pronto y rinda declaraciones. Hasta entonces, quedan muchas dudas sin responder: ¿estuvieron involucrados los abuelos en el suicidio colectivo?, ¿fue negligencia de la autoridad haber descartado las acusaciones de abuso sexual?

Lo cierto es que Mireya se encontró en una encrucijada difícil de resolver. Por una parte, entregar a sus hijos a su abusador era impensable, así que prefirió quitarles la vida antes de condenarlos a una existencia llena de abusos.

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Incapaz de vivir con la carga de haber asesinado a sus hijos, no había otra opción que suicidarse. Sus padres no sobrevivirían emocionalmente a semejante tragedia, así que era preciso partir con ellos.

La tragedia nos recuerda un caso similar en 2007 en Bélgica, cuando Genevieve Lhermitte asesinó a sus cinco hijos, para luego intentar sin éxito quitarse la vida. Como Mireya, había recibido atención psiquiátrica anteriormente pues sufría de una severa depresión. Genevieve vivía una situación doméstica difícil, pues su marido se ausentaba por meses dejándola a cargo de los cinco hijos, además vivían como invitados en la casa del padrino de su esposo, quien se encargaba de cubrir todos los gastos de la familia. La asfixiante situación familiar la orilló a querer quitarse la vida, no sin antes llevarse la de sus hijos.

La situación de Mireya también era asfixiante, buscó ayuda para no perder la custodia de sus hijos, e incluso tuvo apariciones en televisión nacional exponiendo su caso. Nada de esto sirvió.

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Hoy la opinión pública se debate entre los que condenan las acciones de Mireya y aquellos que justifican sus acciones como la única salida de un círculo abusivo. Mireya y Genevive probablemente planearon sus crímenes para liberar a sus hijos de una existencia de sufrimiento y quizá - al igual que Medea - para castigar al padre de los niños. #CDMX #Feminismo #Salud mental