Mientras se siguen descubriendo fosas clandestinas y en las mesas de las familias más humildes, escasea el pan, hay quienes, jugando con nuestra dignidad, alardean del poderío económico salido de nuestras esclavizadas espaldas. Heliodoro Carlos Antonio Díaz Aguirre, puede presumir, y presume, del regalito de su papá, Heliodoro Carlos Díaz Escárraga, un prolífico político de Oaxaca que no tuvo reparo en pregonarlo a los cuatro vientos por las redes sociales.

¿De dónde habrá sacado este señor los más de 60 mil euros que cuesta el regalito? Un reluciente Porsche amarillo, que, a partir de ahora, disfrutará el mimado hijo de este político del Partido Revolucionario Institucional que ya, entre el 2003 y el 2006, ocupó cargos como: Secretario general del #Gobierno durante la legislatura de Ulises Ruiz, Consejero Político Nacional y Presidente del Comité Directivo Estatal del PRI, entre otros.

Por su parte, el afortunado hijo también ha ocupado puestos públicos y en la actualidad desempeña el cargo de Subdirector Jurídico Corporativo de Liconsa (Programa de Abasto Social, para una mejor alimentación de millones de mexicanos). No sé, pero me huelo que Monsanto, también está detrás de todo esto.

Mientras por un lado se derrocha en gasolina, comida, gastos médicos y un sinfín de etcéteras que gozan los diputados, por el otro, se niega la ayuda a asociaciones civiles como "Espiga y Amor", una asociación que proporciona apoyo a los más desfavorecidos. En diciembre de 2013, Cristina Yolanda Gómez, como secretaria de esta asociación, solicitó del Comité de Administración una ayuda para juguetes, mantas y pequeños aguinaldos que irían destinados a familias de escasos, por no decir, ningún recurso.

El argumento dado por los señores diputados para justificar su negativa fue que ya se había llevado a cabo el "cierre del ejercicio fiscal" y que todo el presupuesto, ya estaba comprometido pero, lo que no cuentan es que sí hubo para pagar más de 340 mil pesos a una serie de diputados, en concepto de comida, hospedaje, gasolina y viajes varios, y en gastos de administración. No consuela decir que mal de muchos, consuelo de tontos. Pero esta es la tónica mundial y, mientras a unos les encanta conducir, a otros no se nos permite, ni siquiera, ver el horizonte.