Las elecciones intermedias en México interesan poco a los ciudadanos. La corrupción y el bajo nivel de la clase política, además de los escándalos en las campañas, hace que la jornada electoral pase de noche y en un clima de desconfianza e inconformidad entre los mexicanos.

Entre este clima enrarecido surge un nuevo reto para el recién creado Instituto Nacional Electoral (INE). El instituto tendrá que decidir, junto con el Tribunal Electoral, si la candidatura suplente a diputado plurinominal del ex-Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard es válida, esto debido a que en semanas anteriores no pudo ser titular de la misma por haberse presentado como precandidato en dos partidos políticos: el PRD y Movimiento Ciudadano.

El otrora "mejor alcalde del mundo" argumentó que esto es un intento del Ejecutivo Federal de desacreditarlo y de borrarlo de la escena política nacional. Sin embargo, la opinión pública y la mayoría de los ciudadanos coincide en que la candidatura suplente es un recurso para que Ebrard obtenga fuero y no sea juzgado por su mala gestión en la construcción de la Línea 12 del Metro, la cual continúa sin funcionar a toda su capacidad.

Lo cierto es que Marcelo Ebrard se ha caracterizado de brincar de partido en partido para obtener reconocimiento político a nivel personal, pero sin hacer grandes acciones por la ciudadanía.

En sus inicios fue operador político de Manuel Camacho, en el PRI de la capital mexicana y posteriormente en el efímero Partido de Centro Democrático (PCD), no son antes haber pasado por el Partido Verde.

Fue candidato a Jefe de Gobierno por el PCD en el año 2000, pero declinó a favor de López Obrador. La recompensa a ese movimiento fue obtener la Jefatura de Policía en el Distrito Federal, cargo que fue obligado a dejar por su pésima reacción al dejar que fueran quemados vivos dos policías por parte de pobladores de la delegación Tláhuac.

Para protegerlo, López Obrador lo colocó en la Secretaría de Desarrollo Social del D.F. y de ahí pasó a la candidatura del PRD a la Jefatura de Gobierno. Ganó la elección y gobernó de manera que en el papel resultara eficaz, pero nunca reconoció a Felipe Calderón como presidente de México, en un acto de soberbia y pose, mas que de convicción e ideales políticos.

En 2012 tuvo la posibilidad de ser candidato a la presidencia de México, sin embargo cedió ese derecho a López Obrador. De 2012 a 2015 ha buscado posicionarse de nuevo en los reflectores de la opinión pública, pero se ha hablado más de su participación en el fiasco de la Línea 12 del Metro.

Hoy "el carnal Marcelo" busca desesperadamente una diputación para obtener proyección política y aspirar a la candidatura presidencial en 2018, de paso librarse del escándalo y evitar acción penal en su contra con el privilegio político más injusto que existe en México: el fuero. #Política Ciudad de México #Elecciones 2015