Al momento de redactar estas líneas faltan alrededor de cuarenta y ocho horas para que el proceso electoral que hoy por hoy ocupa y preocupa a #México, alcance su punto culminante. Atrás quedó un cúmulo de campañas que pretendieron ser nuevas, pero que mostraron dolencias ya viejas: otra vez, los ataques y la desinformación antes que las propuestas viables y los datos duros -necesarios para la toma de cualquier decisión-. Se fueron también los días durante los cuales se polemizó acerca de la viabilidad de ciertos candidatos y sobre las multas que sorprendieron por sus montos, aunque sorprendió aún más -y en algunos casos, hasta ofendió­- que los partidos tengan eso y más para pagarlas.

Lo que no quedará atrás sino hasta terminado el domingo, es preguntarnos si para acudir al sufragio habrá o no demasiado fútbol o al menos, suficiente paz.

Éste es el primer punto de decisión: votar o no votar.

Para algunos, harán falta muchas ganas de visitar las casillas antes del fútbol -aunque se trate de un encuentro intrascendente, casi "molero"-. Para otros, lo que tal vez escasee, y con razón, será valentía -si es que la sección donde se corresponda está o no amenazada por grupos delincuenciales-.

Como sea, no acudir abonará en favor del abstencionismo, ganador ya acostumbrado por sobre cualquier partido o candidato.

Pero no todo acaba aquí. Si la opción fuera cumplir con la obligación que supone cualquier ejercicio comicial, se presenta el segundo punto de decisión: voto efectivo o voto nulo.

El voto efectivo, al menos para quienes lo defienden hoy por hoy, supone una tercera decisión. Analizar partido por partido, candidato por candidato. Muchos de quienes ya han decidido ejercer su voto, lo hicieron pensando en, por ejemplo, los candidatos que se sumaron a la iniciativa "Tres de tres"… y que la información que compartieron sea veraz, que esté bien presentada.

Por otra parte, los "anulistas" manejan la impresión de que en estos momentos otorgar un voto efectivo equivale a elegir al "menos peor" de los candidatos. Quienes ya decidieron anular su voto lo hacen pensando en materializar una llamada de atención, no sólo a los tres niveles y órdenes de #Gobierno (federal, estatal, municipal, ejecutivo, legislativo, judicial), sino también a los partidos, a los candidatos independientes, al INE, y a los grupos delincuenciales.

Para ilustrar todo lo anterior, tomo como caso práctico el mío propio.

En la sección donde me toca votar -incluyendo candidatos para presidente municipal y para los dos tipos de diputados-, sólo uno de ellos ha presentado su "Tres de tres", pero pertenece a un partido con el cual no comulgo.

¿He de votar por ese candidato porque es el único que cumplió con esa información, a pesar de que milita en un partido que no me convence? Algunos dirían por tanto, que ese candidato es el menos peor.

¿He de votar por otro candidato o candidata a pesar de que no se ha solidarizado con una sociedad que le ha solicitado entrar a la candidatura -y tal vez a la victoria- a través de una puerta más transparente?

Ergo, ¿he de anular mi voto?

Si bien el voto es a un tiempo derecho y obligación, nos falta algún mecanismo que sancione el abstencionismo por decisión o el abstencionismo inducido intencionalmente por terceros.

Pero el voto nulo es perfectamente legal. No existe ley ni código ni reglamento que lo señale de modo contrario. Y finalmente, ignoro si es un falso consuelo considerar que el voto nulo no demerita ningún otro derecho ni resta autoridad moral para criticar o aplaudir en lo futuro a quienes resultaren vencedores.

¿Iré a la casilla? Sí. He decidido que sí.

Lo que a esta hora no tengo claro es cómo ejerceré.

Usted, ¿qué opina? #Elecciones 2015