Alianzas por la victoria o la sobrevivencia, propaganda negra y golpes bajos caracterizaron los dos meses de campaña por las diputaciones federales y, en algunos estados, por la gubernatura, diputaciones locales y ayuntamientos, y nadie crea que esto termina el 7 de junio. Los intentos de ganar el poder, por mínima que sea la cuota pretendida, continuarán en los institutos electorales, nacional y locales. Muchas de estas disputas llegarán al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y durarán hasta la víspera de la asunción de los cargos en litigio.

En nuestra política nacional, el término "maquiavélico" es usado para estigmatizar al adversario, pero se practica el maquiavelismo todos los días a todos los niveles. Es necesario autenticar nuestra forma de actuar y nuestra correspondiente ideología, ausente en los partidos actuales o, en todo caso, reducida al deseo de ejercer el poder a toda costa: el fin justifica los medios, diría Nicolás Bernardo de Maquiavelo.

Esta máxima maquiavélica se manifiesta en las maniobras y movimientos efectuados durante los tres años de intervalo político, que incluyen la constitución de nuevos partidos políticos, difamación al adversario, compra de votos disfrazada de programas sociales, brutal exhibición mediática de figuras públicas consideradas peligrosas en la competencia por un cargo de elección popular, traiciones al propio partido político cuya protección los encumbró, reacomodos de grupos de poder internos, y otras menos visibles pero no menos reales.

La derecha se dividió en calderonistas y maderistas, quienes se disputaron el control del partido, actualmente en poder de los últimos en detrimento de los primeros, bloqueados en sus aspiraciones de ocupar los curules en disputa, como sucedió con Margarita Zavala, famosa y "popular", pero marginada de la cuota de poder; amenazados con la expulsión algunos militantes destacados, tildados de corruptos o desleales, al grado de que hasta el Instituto Nacional Electoral (INE) ha tenido que intervenir en sus pugnas internas.

La autodenominada izquierda se partió en dos al romperse el pacto no escrito ni publicado, pero evidente entre sus ex precandidatos, en torno de los cuales surgieron las facciones que hoy aspiran a obtener la simpatía del electorado, Andrés Manuel López Obrador, abandonó al PRD y sus dirigentes defenestraron a Marcelo Ebrard, perdedor de aquella contienda interna y hoy lo exhiben como corrupto, cómplice de las gravísimas irregularidades en la construcción de la Línea 12 del metro capitalino y ahora parecen perfilar a Miguel Ángel Mancera como presidenciable para 2018. Además, López Qbrador que organizó su propio instituto político: Morena, que le permita ser nuevamente candidato a Presidente, con lo que la ruptura se hizo irreversible, sin calcular que su adversario sería otro, bien cuidado y protegido de todo riesgo de desgaste.

El PRI, tras los descalabros de 2000 y 2006, mantiene la unidad y su alianza con el Partido Verde, con lo cual va recuperando aceleradamente la hegemonía y explota el desprestigio de ambos para sacar ganancia, y aquellos le endilgan la desaparición de "los 43" para desgastarlo, por impedirle aquello de que le teman pero que no lo odien. Así, pues, La modernización política conserva las ideas centrales de Maquiavelo. #Elecciones 2015