Alejandro Almazán, periodista mexicano tres veces ganador del Premio Nacional de Periodismo en el género de crónica (2003, 2004 y 2006), es un hombre franco, sencillo, de barrio. Es hijo de la violencia, según él mismo afirma cuando relata haber visto su primer cadáver a los seis años, afuera de la tienda de su madre, muerto a golpes de bate, en el Arenal, barrio popular del D.F. Pero más allá de su vida privada, la sangre que salpica prácticamente todas sus crónicas, tiene una razón de ser, no es gratuita. No es por vender. 

“Los medios se han pasado contando los muertos, no contando la vida de los muertos. Eso es un gran defecto del periodismo, eso ha hecho que al lector ya le haya entrado un chingo de sangre por los ojos y por la orejas y ya no quiera ese tipo de historias. Yo mismo ya no quisiera hacerlas; sin embargo, las hago porque sé que tengo una obligación, una obligación moral, por eso yo voy a seguir contando estas historias. Me preguntan: ¿Cuándo vas a dejar de escribir sobre el narco?  El día que se acabe, yo quiero escribir algo de amor pero no puedo, quiero contar una historia de amor, no la he podido contar por que la muerte sigue trabajando las 24 horas en este país.

“Lamentablemente la vida en este país no es dulce. Hay una tendencia hacia la nota roja, sí, porque el país se ha convertido en una nota roja, no porque nosotros los periodistas así lo queramos. Yo no quisiera escribir más del Chapo Guzmán, ya no me interesa, pero se fuga, me entiendes, entonces hay que contar otra vez sobre el Chapo Guzmán. Yo no quisiera hablar de Michoacán de las autodefensas, pero los están matando y hay que contar esas historias,

“Es una obligación moral contar este tipo de historias. Ahorita a mí no me interesa estar de gira con Andrés Manuel, ya lo hice una vez, me interesa decirte que hubo desaparecidos en el sur de Jalisco, por la operación Jalisco, entonces voy a hablar sobres esos 15 desaparecidos, porque además sistemáticamente el #Gobierno está matando a los civiles.

 “A mí no me interesa hablar, por ejemplo, del Piojo. Todo mundo habló de eso, se armó una faramalla, #TodosSomosMartinolli y por qué no #TodosSomosRubén. Eso es más grave, a él le dieron un tiro de gracia, al otro solo una cachetada e hicieron programas especiales en Radio Fórmula. ¿Porque no hicieron lo mismo por Rubén? Yo soy reportero y no quiero que me maten, no tengo esposa, no tengo hijos, pero sí tengo un perro y quiero ser viejo.

“Entonces, necesitamos contar esas historias. Sí, es la tendencia, si, lamentablemente las editoriales grandes han aprovechado esa tendencia y todo mundo ya saca libros del narco. Sí, sí existe un abuso, sí, es criticable, y sí necesitamos un debate sobre el tema, sí. Pero también te digo, no lo estamos creando por generar morbo, por hacer amarillismo, lo hacemos porque ese es nuestro país, es al que nos enfrentamos día a día. Parte de mi vida es eso, es ir a donde está la muerte y reportearla, entonces por más que quiera contar una historia sobre otras cosas, en este momento no puedo. Me parece que sería irresponsable de nuestra parte, como periodistas, no seguir hablando de esos temas.

Al terminar la clase magistral sobre Crónica impartida en el Centro Cultural Tlatelolco, el pasado sábado 8 de agosto, Almazán se tomó el tiempo para hablar con Blastingnews sobre la situación actual de la prensa en México.

“Estamos en una crisis, es una fisura. Ya estaba pasando con todos los asesinatos que ha habido, sobre todo en Veracruz; pero creo que además lo de Rubén Espinosa llega en un momento en el que el país está derrumbándose. Está la fuga del Chapo, la devaluación, un presidente que parece está gobernando otro país. ¿No sé qué diablos le estén diciendo sus encuestas?  Creo que el asesinato de Rubén es también parte de esta fisura en el tiempo, yo creo que el periodismo mexicano necesita un debate”, afirmó. #Política Jalisco #Sociedad Ciudad de México