En esta ciudad si no tienes auto no eres nadie. Es una premisa exagerada, pero se ha vuelto palpable para muchos ciudadanos de a pie que sufren todos los días las consecuencias de una megalópolis concebida por y para gente con automóvil.

México se unió el pasado 22 de septiembre a la jornada internacional del “Día Mundial sin Auto”. En el marco de la misma funcionarios de distintos niveles del #Gobierno demostraron que también son ciudadanos de a pie y pueden, una vez al año al menos, usar el transporte público o las bicicletas para transportarse a sus lugares de trabajo. La idea crear conciencia y de paso promover su imagen política.

Las noticias y las redes sociales se vieron inundadas en el transcurso de la semana con fotografías de dichos funcionarios en el transporte público o en bicicleta, dándose sus respectivos ‘baños de pueblo’. Pero la realidad es que el resto del año, en su labor cotidiana, en el día a día, ninguno de estos funcionarios usa formas alternativas de transporte que no sean sus automóviles particulares.

¿Por qué los funcionarios no usan otros medios de transporte en su vida cotidiana? La principal razón es la seguridad, pues en un día cotidiano no podrían contar con los protocolos de seguridad que se implementaron para que llegaran con tranquilidad a su trabajo en bicicleta varios Diputados y Senadores el 22 de septiembre.

Mientras se promueve un día sin auto y los políticos invitan a reflexionar sobre el uso de otros medios de transporte; todo México aplaude  que por estas mismas fechas se reportó que nuestro país cerrara por quinto año consecutivo con récord histórico en la producción de autos, con más de tres millones de unidades, según palabras de Eduardo Solís Sánchez, presidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz. Se estima que nuestro país sea para el 2020 el quinto productor global de automóviles, esta industria es uno de los principales motores de la economía nacional.

Pero nadie puede estar en contra del crecimiento económico. ¿O sí? Si para crecer económicamente necesitamos seguir produciendo coches y combustibles fósiles, pues hay que hacerlo. Esto se llama progreso. Total, una o dos veces al año podremos sumarnos a campañas o días internacionales contra la contaminación, el calentamiento global, el desarrollo sustentable o cualquier otro término “verde” que se invente en la próxima década.

En la Ciudad de México, es evidente la preferencia que le dan al uso del automóvil. Basta detenerse a pensar en dos de los proyectos que más controversia han generado entre los ciudadanos en los últimos meses: El Deprimido Mixcoac y el Corredor Cultural Chapultepec. Ambos pensados sobre todo para favorecer el tránsito vehicular de automóviles particulares, pues no está de más señalar que el transporte público no hace uso de estas vías rápidas.

Pero ojo, no se trata de un problema local. A pesar de que cada día se incrementa y se multiplican las campañas para fomentar el uso de la bicicleta; la economía internacional mantiene a la industria automotriz como una de las más rentables. Las multinacionales más poderosas del mundo se dedican a eso: construir coches.  

En el marco del mismo “Día Mundial sin Auto” se proyectó en el Zócalo del DF, el cual cerró por un día el acceso a automóviles, el documental “Bikes vs Cars”. La cual expone este conflicto a nivel internacional. ¿Cómo se puede hablar de una preocupación real por reducir el uso del automóvil si estos se siguen produciendo por billones anualmente? #Ecología #Política Ciudad de México