Este 15 de septiembre, como parte del programa de austeridad presentado por el #Gobierno de México, no habrá cena de gala para funcionarios. En cambio sí que habrá un grito como la tradición manda: con una banda popular, fuegos pirotécnicos y miles de acarreados. Mientras la escalada de violencia en todo el territorio continua, la crisis se agrava y los servicios públicos de #Salud van en picada. ¿Tenemos algo para festejar?

La noche del 15 de Septiembre brindaremos en lo alto, diremos ¡Salud! Mientras, paulatinamente, sin que la mayoría de la población del país sea realmente consiente de esto, la salud pública se desmorona. ¿Apoco los servicios públicos de salud podían estar pero de lo que ya estaban? Para muestra: un botón.

En el sur de la Ciudad de México, en la Delegación Álvaro Obregón, se ubica la Centro Integral de Atención a la Salud (CIAS) Benvenuto Cellini. Es una clínica pequeña que pertenece a la delegación y ofrece servicios de consulta general, odontología y psicología. Ahí se expiden certificados médicos oficiales, los cuales son requeridos por las escuelas públicas para el reciente ingreso del ciclo escolar 2015-16. Antes las escuelas pedían certificado médico de cualquier institución, pública o privada (siempre que no fuera del Dr. Simi, por cuestiones políticas nunca claras), pero ahora este debe ser forzosamente de una intuición pública. Resultado: saturación de clínicas públicas con filas interminables de niños con sus padres en busca de un certificado.

Ahí, en la clínica ubicada en la calle de Benvenuto Cellini, no fue la excepción. Para poder alcanzar una de las 10 fichas, las cuales se repartían a las 14:30 horas, era necesario llegar a formarse a más tardar a la 13:00. Un lapso decente en comparación con las filasen otras clínicas, cabe mencionar. Ahí, un miércoles tras esperar por más de dos horas, los pacientes se encontraron con una extraña sorpresa: la dentista encargada de revisar a los niños llegó a las 15:30, como indica su horario, pero le era imposible comenzar la revisión por una razón simple: no tenía abatelenguas.

El principio parecía un acto despótico por parte de la doctora, quien visiblemente molesta clamaba que no podía atender a nadie si no llevaba cada quien su abate lenguas. Tras algunos minutos de confusión la dentista revisó en su locker y milagrosamente encontró un abatelenguas. La solución temporal: partir en dos el utensilio para atender a dos niños, mientras los padres del resto que estaban en la sala de espera salían a la farmacia para comprar cada quien su abatelenguas.

Mientras revisaba a los primeros pacientes la dentista, presa de la desesperación relataba a los presentes la carencia de materiales básicos que sufre la clínica. Comentó que algunas veces el propio personal que trabaja ahí ha tenido que poner de su bolsa para comprar algunos insumos. Mientras revisaba a sus pacientes la doctora no perdía la oportunidad para dar a conocer su descontento por una situación que, según afirmó, no es aislada. “Así como esta, todos los hospitales y clínicas del sector público están en crisis”.

La dentista hizo su trabajo, con lo poco que pudo, pero entre paciente y paciente tuvo oportunidad de sacar de su gaveta un periódico para dejarlo a la vista de todos. Aquí está la información, decía, sobre la falta de medicinas, equipo y pago en numerosas clínicas, pero la gente no lee, no se informa, no sabe.

Es solo un botón, cierto. Pero la situación ejemplifica a un nivel extraordinario los problemas actuales de las intuiciones de salud pública en el país. Se ha rumorado una posible privatización del IMSS y la creación de un seguro universal. Se han organizado marchas, ha habido desmentidos. Pero pocas pruebas más fehaciente de esta crisis, que la falta de un abatelenguas en una clínica. Pocas imágenes más paradigmáticas de esta crisis, que la de una dentista que parte a la mitad el último abatelenguas que extrae de su casillero, para poder atender a dos niños. #Política Ciudad de México