1968 fue un año que dejó huella para México como país a nivel mundial.

Tristemente el recuerdo no es por logros alcanzados, descubrimientos científicos o desarrollo tecnológico o cultural.

Hace 47 años fueron masacrados cientos de jóvenes en un mitin de protesta con carácter pacífico; llenando de sangre jóven, noble y estudiantil la plaza pública de Las Tres Culturas de Tlatelolco.

Ese hecho sangriento fue resultado de las decisiones del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz y del Secretario de Gobernación Luis Echeverria Álvarez, mismo que dos años después sería Presidente de la República.

Había que parar el movimiento y callar a los “rijosos” a como diera lugar, ya que estaban a tan solo 10 días de inaugurar los juegos olímpicos de 1968 y México no podía darse el lujo de clausurar dicho evento en el que se había invertido mucho dinero, ni podía ser visto como un país inestable o en guerra civil.

Las olimpiadas del 68 -las únicas que se han hecho en este país- representaban la vitrina perfecta para dar a conocer al mundo “las bondades de la democracia”

Para dicho evento nació el pago del impuesto de la tenencia a los vehículos, mismo que según el propio #Gobierno iba a desaparecer una vez terminados los juegos olímpicos. Parece ser entonces que seguimos en Olimpiadas porque a la distancia seguimos pagando ese impuesto.

El movimiento estudiantil del 68, se había gestado desde tiempo atrás como signo de protesta y rebeldía contra el manejo político del país, la economía, la vida, el mundo y la sociedad.

Una generación que no se sentía con libertad propia y buscaba un cambio mediante la protesta pública

Cientos e incontables desaparecidos y muertos, algunos estaban encarcelados en el palacio de Lecumberri y otros tantos en el Campo Militar No. 1.

Jóvenes, adultos, mujeres, ancianos y niños, quienes ese día salieron a creer en sus ideales pero que ya no regresaron a sus casas, fueron masacrados por la fuerza pública por alrededor de 1,500 soldados y granaderos, quienes los cercaron con tanques de guerra y balearon con pistolas, metralletas y rifles de alto poder con total alevosía y ventaja sin la posibilidad de repeler dicho ataque por la población civil quien iba totalmente desarmada.

A la señal dada para iniciar la operación, se desata una cruenta y vil masacre en donde rápidamente van cayendo los cuerpos fusilados por las balas de la impunidad y la dictadura de un poder político de Estado.

Gritos de dolor y desesperación, todos corren a protegerse o resguardarse en los pocos lugares idóneos para ello, corren para salvar sus vidas, irse del lugar sin embargo nadie puede salir de la Plaza, están cercados por el Ejército sin posibilidad alguna de escape.

Una vez terminada la acción militar, entran camiones del ejercito a recoger los cientos de cuerpos muertos de gente inocente, número de victimas que nunca se ha contabilizado oficialmente con certeza.

A partir de ese momento, México como país ya no fue el mismo.

Se descubrió la fortaleza del estado para masacrar cualquier intento de protesta, mitin o desacuerdo de la ciudadanía con el gobierno federal.

Con el gobierno de Echeverría, se inicio una era de populismo y depreciación económica que sigue vigente hasta nuestros días. Sus pésimas decisiones de Estado, hicieron un país inestable que no el día de hoy, no ha podido encontrar el desarrollo y crecimiento que se merece.

Sin embargo el fallecimiento de estos héroes anónimos, han dejado huella para una sociedad que sigue viva en busqueda de justicia y paz social. #Crónica Ciudad de México