El sábado se dio a conocer una investigación realizada por la revista Proceso y el equipo de la periodista Carmen Aristegui, donde se revelan fraudes a nivel canónico que permitieron la realización de la boda entre el entonces gobernador del Estado de México, #Enrique Peña Nieto, y la actriz #Angélica Rivera.

El entramado dado a conocer señala que el matrimonio previo de Rivera con el productor José Luis Castro fue anulado de forma fraudulenta, achacando al sacerdote Jorge Salinas la realización de una boda sin contar con las credenciales debidas. En consecuencia, el 10 de junio de 2009, cuando ya se ventilaba el romance en las revistas del corazón y Peña se perfilaba como el principal contendiente a la presidencia, el Tribunal Eclesiástico le quitó el sacerdocio a Salinas.

Sin embargo la injusticia en su caso fue señalada por el tribunal del Vaticano, la Rota Romana, el 20 de noviembre de 2012.

En el ínter, se le dio luz verde al enlace telenovelesco entre Peña Nieto y la actriz el 27 de noviembre del 2010, en una fastuosa boda religiosa en la catedral de Toluca.

La presentación de pruebas documentales y el juicio del tribunal del Vaticano señalan una conspiración de parte de la iglesia católica para lograr la boda de Peña Nieto con Rivera, incluso ante aclaraciones de Castro y una carta de Salinas al entonces gobernador mexiquense.

Salinas murió de cáncer el 7 de octubre de 2015, sin poder lograr que la jerarquía católica de la capital mexicana, encabezada por el cardenal Norberto Rivera, reconociera la injusticia en su contra.

Este escándalo, que ya ha generado reacciones en redes sociales y ante el cual el arzobispado y el gobierno mexicanos se han negado a hacer comentarios, palidece sin duda ante recientes señalamientos de Transparencia Internacional y Freedom House en materia de libertad de expresión y #Corrupción.

Sin embargo, este caso representa una muestra más de la clara sintomatología del gobierno mexicano, consistente en manipular los hechos de manera constante para ocultar sus errores e ineficiencias en política y economía, presentando siempre lo que quiere pasar como una "cara bonita", aunque debajo de ella se encuentren ocultos todo tipo de detritos.

Como sea, de un momento a otro podemos esperar que se manifieste la gran sapiencia de la televisión y las revistas de chismes y comentaristas como Andrea Legarreta, para decirnos que a fin de cuentas todo este cochinero no tiene por qué manchar una linda historia de amor.

Y eso todavía menos en México, el país donde todo es sonrisas y nada está mal, aunque a veces la verdad termine por darle un susto a más de uno.