Cuando Donald Trump habla uno ya puede esperar casi cualquier cosa saliendo de sus anaranjados labios. En realidad, la sordidez de sus comentarios ha llegado a niveles que uno nunca hubiera esperado de un hombre de negocios, supuestamente exitoso.

El #Racismo y chauvinismo que marcaron la primera fase de su campaña han dado paso a manifestaciones abiertamente en favor de la violencia contra sus opositores.

Las hordas que le siguen, formadas en su mayor parte por blancos sin educación, punteados por algunos latinos y afroamericanos que dan la impresión de tener un deseo suicida o ser meros paleros, ya usan símbolos y saludos fascistas de manera abierta y sus actos de campaña están marcados por peleas con opositores e incluso manifestaciones contra los medios de comunicación, entre ellos la cadena de televisión estadounidense Fox News, culpable en buena medida de la creación y enorme crecimiento de este monstruo que ahora se vuelve en su contra.

Las amenazas de deportaciones masivas, el reclamado pago por la construcción del prometido muro en la frontera con México y las amenazas abiertas contra el precandidato demócrata Bernie Sanders hacen pensar en Trump como una especie de progresión natural del niño bravucón de la escuela acompañado de su camarilla de inadaptados, que a gritos amenaza con cazar a los más débiles que él mientras su pandilla es la encargada de tirar los golpes, para que él luego niegue toda responsabilidad en el incidente.

La diferencia más notoria con ese modelo de pequeño bravucón es que este infante terrible, al que incluso temen varios miembros de su partido republicano, amenaza con convertirse en el dirigente de la nación más poderosa de la Tierra.

Ni el conservadurismo de Ronald Reagan, ni las triquiñuelas de Richard Nixon, ni la proverbial estupidez de George Bush hijo, han dejado un legado tan sombrío como el que amenaza dejar Trump.

Ante tanta gritería, tantas amenazas y aspavientos, y tantas negaciones posteriores, hay que preguntarse si este hombre no presenta alguna enfermedad mental, algo que impida presentarlo como candidato formalmente. Es de cuestionarse cómo es que el Partido Republicano, el Gran Partido Viejo del elefante no ha considerado esta posibilidad, que parece tan claramente a la vista de todos.

Hay que reconocer que de los otros candidatos que han sobrevivido los desastrosos debates republicanos no se hace uno que valga la pena y optar por uno de ellos representa una derrota casi segura para el partido en las elecciones presidenciales.

Sin embargo, la muy posible victoria de Trump podría venir con un precio demasiado caro para el Partido Republicano, Estados Unidos y cualquier otro que tenga el infortunio de ponérsele entre ceja y ceja a este engendro.

Y que conste que este no es un Frankenstein en forma alguna. Al monstruo de Mary W. Shelley le gustaba leer.

Este se parecía más a una suerte de cruza entre el Pato Donald y Adolfo Hitler que a cualquier amenaza seria, y precisamente por esa aparente inocuidad se ha colado donde se encuentra ahora, robustecido y alimentado por la ignorancia de su adorado público.

Si hiciera falta en todo caso un indicador de lo que puede esperar a los votantes si optan por elegirlo a él como presidente, solamente tienen que ver los regímenes fascistas y los demagogos que han plagado el tercer mundo, incluso en su traspatio, que es como Estados Unidos trata a Latinoamérica en todo caso.

Ojalá sirvan tales ejemplos para hacerlos cambiar de parecer. #Inmigración #Viral