Supe que él andaba cerca porque una veintena de jóvenes mal repartidos a lo largo de la cebra vial gritaban su nombre al son lastimoso de enormes matracas, mientras sostenían largas mantas que tenían impresa la imagen fingida y dientona del susodicho; todo justo frente a mí que estaba esperando la luz verde para continuar mí camino. Mientras duraba la luz roja aproveché para observar el vulgar performance: jóvenes de entre 20 y 30 años de edad, todos desalineados, de pose y postura abandonada, medio uniformados y evidentemente desinteresados en ese “trabajo” informal de acarreado. Algunos fumaban, y al hacerlo daban la impresión de ser bribones. Los observé con desagrado, con molestia y con decepción porque esos jóvenes no sólo estaban escandalizando y contaminando, sino que ni en eso se esmeraban, no estaban comprometidos con la actividad, no lo estaban ni con la pérdida de su tiempo a cambio de algunos pesos, y más aún no lo estaban con aquel a quien anunciaban.

Media hora después mí andar se mezcló con el suyo. La calle estaba atiborrada de personas con prendas distintivas alusivas a él. Complicaban caminar por la banqueta, pero a ellos no les importaba. Yo no estaba interesado en verlo, así que no lo busqué y hasta quise evitarlo, y lo intenté sin saber que mí actividad y la suya estaban por converger. Entré a una tienda de artículos deportivos. No fui percibido porque las encargadas estaban inmersas en sus teléfonos, dando deslices hacia arriba y hacia abajo sobre las pantallas de los mismos. Supieron de mí hasta que levanté un zapato del mostrador. «Buenas tardes joven, lo que guste probarse, sin compromiso» En seguida regresaron a vagar en Internet. Mientras yo comparaba productos, las dos jóvenes mujeres que atendían la tienda abandonaron sus teléfonos y comenzaron a conversar a modo de reacción porque el tumulto iba en dirección a nosotros:

 

«Ay, que no venga para acá» -Dijo una con nerviosismo.

«Sí, que no venga» replicó la otra, y sentenció «Al fin que ni voy a votar por él»

«Yo tampoco. Además, está bien feo» Risas de ambas.

 

Sus deseos no sirvieron porque acto seguido, pasando detrás de mí, él iba cruzando la tienda. Afortunadamente no se detuvo ante mí, sino que siguió hasta el mostrador para, de manera mecánica y sobreactuada, decirles: Hola amigas vengo a invitarlas a conocer esta propuesta para que voten por ella en las próximas elecciones. Ambas rieron. Entonces yo tomé camino hacia la salida para evitar que él cometiera el error de intentar burlarse de mi inteligencia con su forzado guion. Al salir vi a Victoria de frente. Cierto es su esposa, lo había olvidado, lástima de ojos tan bellos, creo que le gustan los pseudo comediantes: pensé de corrido.

 

Muchas personas estaban contentas con él. Es como si no tuvieran memoria, como si no se hubieran enterado de que él propuso una ley que criminaliza el uso de internet. Aunque la famosa ley fue un absoluto fracaso (por estar mal redactada, por ser ambigua y dar una mala percepción de Internet, por violar los derechos de los internautas, castigar antes que prevenir, y violar el derecho a la privacidad de los usuarios) él la propuso y la defendió, y eso iba en contra de #México. Es tan vergonzoso. Ya nada alarma al pueblo. Por eso él será el nuevo gobernador de la entidad.

Pensando eso me alejé caminando sobre la calle Vicente Guerrero del centro de Pachuca, rumbo a la misma esquina en que vi a los desinteresados jóvenes agitando con desanimo mantas largas que tenían impresa la imagen fingida y dientona de Omar Fayad.

 

Armando Warner. #Tendencias #PRI