Es fácil imaginarlos. Todos ellos muy contentos y orgullosos, erguidos y sonrientes, jóvenes millennials con poca experiencia sintiendo el legal poder de decisión que emana del rectangular talismán plástico personalizado que llevan dentro de su billetera o tarjetero: su identificación del Instituto Nacional Electoral (INE), la primera invaluable presea que reciben al tener dieciocho años de edad, y la primera invaluable, y aún más trascendente, primera oportunidad para votar. 

En estos tiempos nacionales oscuros, los nuevos dummies del electorado mexicano (los nuevos adultos, legalmente hablando) necesitan saber qué es necesario para tomar la mejor decisión electoral antes de marcar las boletas electorales. En ese sentido seguro hay muchas opiniones, y más aún están las costumbres y hasta las circunstancias. A muchos nuevos demócratas les podría suceder que, en circunstancias estratégicas, algunas personas logren captar su atención para intentar convencerlos de apoyar al mismo partido político que ellos apoyan. Muchos otros ya estarán condicionados o cautivados por la tradición familiar de ir por un mismo partido político. Otros más irán definiendo su favorito a partir de lo que escuchen en la televisión o en las redes sociales.

Otros elegirán según el rumor que más escuchen en cualquier parte. Los demás, los restantes, podrían estar en una y mil situaciones diferentes relacionadas con a quién invertirle su primer sufragio. Esto parece un absoluto problema, algo sumamente abrumador. De percibirlo así, podría pasar que muchos nuevos electores opten por no votar o aún mucho peor que voten por el menos feo, aunque ese resulte ser uno de los peores (como sucedió con Enrique Peña Nieto). Pero la verdad es que no es un asunto tan difícil, porque elegir por quién votar únicamente requiere de tiempo y sentido común, sin que sobre la ayuda de algún ser sensato, mucho más adulto y experto en las artes de la memoria. Y es que la luz, la respuesta, el secreto para todos los nuevos dummies del electorado mexicano está en la historia. Así es, en la Historia.

Cualquier joven que esté realmente interesado en votar, y en hacerlo de manera inteligente, tiene que desconsiderar todo argumento que pulule por doquier y tiene que abrir los #Libros de historia; pero los libros que cuentan la verdadera historia y no la versión oficial. Y ¿qué historia leer, en dónde abrir el libro? Es un buen comienzo el inicio del exilio de Porfirio Díaz. Desde ese evento en adelante existen infinidad de similitudes entre esos tiempos pasados y la actualidad. Sólo es necesario encontrarlos y leer lo que ocurrió después, para tener una buena idea de hacía donde puede llevarnos votar por uno u otro candidato en la actualidad. Parece una broma, lo sé, pero esa opinión se desvanece cuando uno va encontrando el hilo con que se ha tejido el destino de nuestra patria. También seguro que parece un asunto que requiere de mucho tiempo y que puede ser aburrido, pero si logran abrir su mente y mantener su intención, encontrarán satisfacción al hacerlo, y más aún podrán tomar una decisión más atinada, y con ello comenzar a cambiar el rumbo del país en que han de ver su vida pasar. Más allá de todo es una obligación patriota hacer lo necesario para que la patria surja a la prosperidad.

 

"QUIEN OLVIDA SU HISTORIA, ESTÁ CONDENADO A REPETIRLA”

Marco Tulio Cicerón. (106 a.c. – 43 a.c.)

 

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Armando Warner. #Educación #México