En un mundo convulsionado por la violencia, #México no se puede quedar fuera de esa ola que lastima y mata.

Desafortunadamente en nuestras casa, trabajo o escuela, es cada vez más solicitado el uso de la violencia para arreglar las diferencias.

La madre o padre que grita, manotea, ofende y/o golpea, pensando que así se educa a los hijos, bien valdría que supieran que es forma de educación se enterró en el siglo pasado.

Igualmente ese jefe de oficina que acosa sexualmente mediante el uso del poder; el novio que ofende a la novia con un trato despectivo golpeando su autoestima; el esposo que golpea a su esposa para demostrarle quien es el que manda; el enfermo mental que lastima a los animales y luce sus videos en redes sociales, todos ellos son personas que ofenden no solo a sus seres cercanos, sino que lastiman a todo el país que gracias a ellos, no puede ser un mejor lugar para vivir.

¿Qué nos falta para cambiar nuestros actos y mejorar como seres humanos?

Simplemente necesitamos tener el deseo de ser mejores y de superarnos constantemente.

Antes se respetaba a los mayores y se les cedía el asiento a las mujeres y ancianos en el camión; hoy los jóvenes se “agandallan” esos lugares en el metro, camión, metrobús o trolebús y se hacen los dormidos para no pararse y ceder el asiento.

Hoy no se respeta a nadie y todos se llaman “wuey”.

Se están perdiendo los valores y tristemente la enseñanza de esa falta de respeto proviene desde la clase política quienes nos han enseñado que para ganar, hay que golpear y ofender al prójimo mediante una guerra sucia carente de argumentos.

Lo decía Mahatma Gandhi: “SI quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo” #Gobierno