En un mundo cada vez más globalizado, es imposible no conocer los sucesos que acontecen en todo el orbe en tiempo real. 

Con los últimos acontecimientos violentos y ataques terroristas que se han suscitado en París, Bruselas, Florida, Estambul y últimamente en Irak, la sociedad se está empezando a acostumbrar a ver estos hechos violentos como algo cotidiano. 

Un ataque terrorista perpetrado ya sea por un solo hombre en un bar de homosexuales, por un grupo terrorista o un comando armado de civiles, son ejemplo de un mundo enfermo que agoniza en valores y orden público.

Sin importar cual sea el interés político, económico, ideológico o religioso, en ningún caso es aceptable el hecho de que una o varias personas arremetan con lujo de violencia y quiten la vida a personas inocentes.

Trastorno psicológico, enfermedad mental, fundamentalistas, fanáticos de una orden religiosa o seguidores de algún político, son hechos que generan violencia y muerte.

Sin embargo lo verdaderamente triste y alarmante, es que la población civil se esté acostumbrando a este tipo de hechos violentos y los vea como algo común realizado por un grupo de “gente rara”.

Los hechos violentos han conformado a este plantea desde el inicio de las civilizaciones.

La historia es cíclica, tanto han existido momentos de lucha, guerras mundiales, ataques e invasiones, como hemos vivido momentos de tranquilidad y relativa paz. 

Actualmente se ha visto un incremento notable, peligros y alarmante, en estos actos de muerte y destrucción y en ningún caso estamos viendo una serie de hechos que denoten la posibilidad de crecimiento y desarrollo en beneficio de la humanidad. 

Un mundo que esta padeciendo los embates de las diferentes formas de ver la vida.

Un mundo enfermo que resiste los embates de la contaminación, el calentamiento global, la desigualdad económica, hambre, feminicidios, abuso sexual infantil, secuestros, violaciones y los pésimos gobiernos que generan pobreza, ahora enfrenta el nacimiento del exceso de violencia desde los propios hogares con las series de televisión, películas, juegos virtuales y redes sociales que ven nuestros hijos.

Es imposible cerrar los ojos u ocultarle a nuestros hijos la realidad –no virtual- que están viviendo, mas sin embargo algo que si es viable de llevar a cabo y que nos corresponde como padres o sociedad pensante, es fomentar en las

nuevas generaciones el respeto al ser humano, a sus diferentes formas de pensar, preferencias sexuales, religiones y filosofía de vida.

Existe mucho por hacer. La tarea es titánica si se compara con la velocidad de la información mediante las nuevas tecnologías, sin embargo en el seno del hogar está la única opción para tratar de arreglar este mundo que agoniza y respira con dificultad.

No podemos mantenernos inmóviles ante tanto acto de barbarie, ni debemos de quedarnos callados viendo como los gobernantes simulan actuar sin resultados positivos.

La costumbre nos llevará a tener y aceptar este tipo de actos terroristas en cualquier país, cine, escuela o espacio en donde haya gente inocente. #Derechos Humanos #Atentado en Bruselas