Era el lejano 2006 cuando el entonces presidente de #México, Felipe Calderón Hinojosa, declaró la guerra al narcotráfico. No había opción: la violencia y el crimen organizado estaban devorando la tranquilidad de los mexicanos. Ningún acuerdo era posible. Así fue como Calderón Hinojosa, una vez en el poder, decidió tomar el riesgo declarando una guerra en condición de desventaja.

La promesa electoral de Felipe Calderón Hinojosa

“Ustedes se preguntan si es posible que las cosas cambien. Mi respuesta es sí, claro que pueden cambiar. Y cambiaran para mejor”, dijo el presidente Calderón. Los ciudadanos, desesperados por un ancla de paz a la cual aferrarse, respiraron aliviados.

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El ejecutivo mandó a las calles a los soldados del ejército. Los carteles de la droga, en teoría, tenían que preocuparse.

Los muertos de la guerra al narcotráfico

Sin embargo, no todo cambió para mejor. En el 2007, los asesinatos se duplicaron. El gobierno seguía insistiendo que las víctimas de la guerra al narcotráfico eran sólo o criminales de la droga o soldados del ejército, pero la verdad es que en el medio perdieron la vida muchos civiles inocentes. Hoy, diez años después del inicio de esa lucha, se calcula que han muerto más de 150.000 personas. Y de 28.000 no se sabe el paradero.

Plan sin estrategia

Según el escritor mexicano Juan Villoro, la guerra al narcotráfico está perdida. Un fracaso que es la consecuencia de un plan sin estrategia desde el principio, diez años atrás. Esta improvisación ha dado ventaja a los jefes de los carteles de la droga en América latina.

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Como una bala perdida

En una entrevista a la Bbc, el narrador explicó que el país “se ha convertido en una necrópolis… se ha perdido la soberanía, ha aumentado la desigualdad social entre la población. Durante este tiempo, no se ha logrado disminuir el consumo de estupefacientes . La guerra al narcotráfico ha sido un fracaso total. Se quería combatir el problema con una única solución militar y lo único que pudo es ir a ciegas. Es como si toda bala fuera una bala perdida”.

Un inmenso baño de sangre

Según Villoro, las dimensiones de la violencia que desencadenaría la lucha contra el sistema de tráfico de #drogas eran desconocidas para todos. Incluso para quienes habían idea el plan de ataque. “Nadie calculó lo que se iba a desencadenar. El baño de sangre que se iba a provocar. Todo por la responsabilidad del presidente de aquel entonces, que no tenía idea de quién era el enemigo al que se iba a enfrentar. Y por supuesto, no sabía con cuál plan atacarlo”.

Peña Nieto, el hijo adolescente de Calderón Hinojosa

Pero la culpa no es solamente de quien declaró la guerra, también de quienes la continuaron sin reparar en las faltas.

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En un artículo publicado por el New York Times, se explica que si bien Felipe Calderón Hinojosa es el padre de esa estrategia fatal, el actual presidente de México, #Enrique Peña Nieto, es como “el hijo adolescente que quiere romper con el padre pero calcando los gestos paternos que veía en la infancia”. Los números de la muerte hablan por sí mismos. En el mes de julio, Peña Nieto registró el record de homicidios más altos: 2073 personas perdieron la vida. Para encontrar una cifra similar, casualmente, hay que ir hasta el mandato de Calderón Hinojosa. Cuando la guerra (perdida) al narcotráfico comenzó.