Hace algunas horas se dio a conocer la noticia de que México se convertiría en el séptimo país en aprobar el derecho a la eutanasia, es decir la muerte digna o asistida a voluntad de los familiares o del mismo paciente con el fin de evitar su sufrimiento. Quizá para algunos este paso parezca un tanto superfluo en comparación con todo lo que ha estado pasando en nuestro país, tras la oleada de violencia y el caos que provoca la desinformación, no obstante el hecho debe considerarse como un gran avance para la sociedad mexicana.

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Para aquellos que no alcancen a comprender los beneficios de la eutanasia, debemos ser claros al decir que no sólo representa una “muerte deseada” representa el reconocimiento de los seres humanos como mortales, vulnerables, pero al mismo tiempo valiosos; es un recordatorio constante de que tu vida es tuya y de nadie más, de que uno mismo decide qué hacer o no hacer sobre la misma. Dicho lo anterior te pregunto, en una situación hipotética: ¿qué pensarías si tuvieras una enfermedad terminal, la cual te hace sufrir cada día, recordándote que no hay cura y que quizá pases el resto de tu vida postrado(a) en una cama? Ahora imagina que, en tu país, está prohibido que decidas terminar con tu vida y es necesario que los doctores responsables de tu salud sigan alimentando una esperanza vacía. Complicado ¿Cierto?

Pues tras argumentos como el anterior, diputados del PRD, liderados por Jesús Ortega promovieron la reforma al artículo 11 de la Constitución de la CDMX que indica que “toda persona tiene derecho a la autodeterminación y al libre desarrollo de su personalidad” y se le añadiese “el derecho a la muerte digna”

Para un ciudadano promedio, el sufrimiento es algo que jamás se quiere enfrentar y de igual manera cuando es algún ser querido que permanece en un estado de agonía constante. Sin embargo, a pesar de la lógica de este razonamiento, hubo un sector de la población que calificó este derecho como “Inmoral”, nos referimos a la Arquidiócesis de México la cual afirma que la muerte no puede ser un derecho ejercido por nosotros dado que la vida es otorgada por Dios y sólo él puede arrebatarla. Así mismo, atribuyó que este acto más que ser un derecho es un delito.

La reforma, que tuvo 56 votos a favor, 27 en contra y una abstención, fue defendida por Ortega al afirmar que “…este derecho humano fundamental deberá posibilitar que todas las personas puedan ejercer plenamente sus capacidades para vivir con dignidad. La vida digna contiene implícitamente el derecho a una muerte digna”

Quizá el término vida digna sea un tanto subjetivo, no obstante al decir muerte digna debemos esclarecer que no se trata de un suicidio ni una “salida fácil” es una decisión tomada por un ser humano sensato y en plena consciencia para ejercer su derecho a terminar con su agonía.

Por su parte, la Arquidiócesis menciona que esta no es más que una prueba de que nuestra sociedad se basa en estados de confort y de placer, el no soportar un dolor podría significar la imposibilidad de la redención. Con esto nuevamente, nos enfrentamos a un tabú en pleno siglo XXI. #Gobierno #Iglesia Católica #Derechos Humanos