Con motivo de la liberalización de los precios de los combustibles y con ello el aumento a la gasolina, se presentaron en todo el país diversas manifestaciones ciudadanas en las cuales como ya es una costumbre, se involucraron partidos y sus políticos oportunistas, terminando los reclamos populares que se habían iniciado de forma pacífica, en saqueos y robos a tiendas de diversos tipos.

Posteriormente el Presidente #Enrique Peña Nieto ofreció un mensaje de año nuevo que más que un discurso esperanzador expresado con liderazgo, se convirtió en una amenaza oficial hacia la ciudadanía, con lo que calentó aún más el ambiente ya de por si ríspido del momento.

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Con la firme intención de “calmar las aguas turbulentas” su grupo de asesores junto con su gabinete de primera línea, tuvieron la sabia idea de crear un pacto que denominaron “Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar”.

El objetivo de este pacto, era tratar de demostrarle a la nación que su gobierno estaba preocupado por la situación de enojo, desaprobación y por ello, buscaba alianzas y el apoyo de los diversos sectores empresariales, industriales y de comercio para crear una solución conjunta a la crisis.

Entre los puntos que contenía el pacto destacaban:

  • Proteger la economía familiar
  • Fomentar inversiones y empleo
  • Preservar la estabilidad económica
  • Fortalecer la cultura de la legalidad y del Estado de Derecho

Además Peña Nieto se comprometió a realizar un recorte de 190 mil millones de pesos al gasto corriente y reducir en un 10% el salario de los servidores públicos federales de mando superior.

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Para el jefe del ejecutivo y su gabinete todo andaba “viento en popa”, sin embargo nunca creyeron o mejor dicho ni siquiera lo pudieron llegar a pensar, que la Coparmex uno de los organismos empresariales más fuertes del país, con presencia de 65 oficinas a nivel nacional y dirigida por Gustavo de Hoyos Walther, les iba a decir que NO a su famosa firma.

Coparmex fue muy claro al expresar, que no iban a firmar un acuerdo hecho al vapor y entregado para su revisión con tan solo tres horas de antelación a la firma, ya que #México necesitaba un proyecto a largo plazo y no una idea de fin de semana.

La sociedad en general aplaudió la decisión, ya que el pacto en cuestión no representaba mas que otra burla oficial al pueblo de México.

El viejo estilo del presidencialismo nos ha demostrado a lo largo de la historia, que la firma de esos famosos pactos no han servido para nada.

Todos los presidentes desde que Luis Echeverría inició el destrozo del país, pasando por José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, han hecho ese tipo de actos de unión, para tratar de dignificar los errores que han realizado.

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¿Acaso lo que pide el pacto de Peña Nieto, no es lo que debe de hacer y procurar el gobierno federal como parte de sus obligaciones?

¿No es responsabilidad del gobierno proteger la economía, fomentar el desarrollo, generar empleos y mantener la estabilidad de la economía?

Si no es así, entonces ¿Para que están ahí?

Compartir la culpa con empresarios, industriales y comerciantes siempre es mejor que aceptar y responsabilizarse de sus propios errores.

El gobierno federal ya no sabe a quien más echarle la culpa, ya lo hizo con el mundo entero, a Trump, al petróleo y hasta a los mismos mexicanos, cuando nos amenazó con quitarnos los servicios de salud si no aceptábamos el gasolinazo, en su discurso de Día de Reyes ¡Vaya regalo que nos dio!

¿Podremos espera un cambio en México con un Pacto que nació cojo?

Desafortunadamente no, esa firma fue más falsa que un dólar con el rostro de Trump.