La relación histórica entre México y Estados Unidos de América tiene varias aristas, los roces ríspidos emanados de la vecindad compartida no es un tema nuevo y abarcan desde la cesión de aproximadamente 55% del territorio mexicano en 1848, pasó por altibajos de cooperación, guerras e incluso invasión, cada evento motivado por intereses políticos y económicos de ambas naciones, hasta llegar a la actual coyuntura con el arribo del magnate Donald J. Trump a la Casa Blanca.

La lucha por el control de los recursos naturales y las constantes presiones de los estadounidenses, llevaron incluso a que Porfirio Díaz encumbrara su famosa frase de: “Pobre México tan lejos de dios y tan cerca de Estados Unidos” ya que refleja la situación de los mexicanos y su desarrollo, dependientes en gran medida de las demandas de Estados Unidos, materializadas en las intervenciones políticas y bélicas de los vecinos del norte.

Si bien es cierto que México no es el único territorio que siente la presión, ya que una política intervencionista pone las alertas sobre cualquier indicio de peligro a su dominio mundial, sea que se califique de terroristas, cárteles de droga, dictaduras y ahora se suma un nuevo enemigo a la lista, los migrantes. No es que gobiernos anteriores a Trump actuaran de manera diferente, ya que solamente en el gobierno de #Barack Obama se deportaron a 2.8 millones de indocumentados, por su parte, el republicano multimillonario promete superar esa cifra durante su mandato. Y obvio, como parte de su estrategia construir un muro fronterizo que de acuerdo con el presidente entrante, México pagará.

Un latente rechazo a lo externo ha emergido con gran fuerza en la comunidad estadounidense sentimiento exacerbado durante los 18 meses más recientes en que ha competido por la silla presidencial. Con su llegada al mando de la nación más poderosa del orbe, se vislumbra una continuación a esas promesas de campaña, Trump despertó a ese elector al que denominó el hombre olvidado, un hombre adulto, blanco nacido en territorio estadounidense; pero no es sólo este grupo ya que hay latinos, hay jóvenes y también mujeres, que ven en este hombre de discurso severo como una opción para cambiar las cosas. La apertura promovida por los gobiernos de Obama y Bill Clinton crearon una percepción de que las empresas emigraban a otras latitudes, con lo que se pierden cientos de empleos potenciales para los residentes de Estados Unidos y sienten que principalmente los mexicanos llegan a su país a quitarles oportunidad de conseguir trabajo, porque el magnate afirmó que México envía a lo peor que tiene, es decir,criminales y violadores.

Aunado a un gobierno endeble, lleno de dudas como se muestra el de Enrique Peña Nieto, cuestionado desde las elecciones, seguido de escándalos familiares y malas decisiones administrativas, se suma lo difícil que fue para los mexicanos observar a Trump en la Residencia Oficial de los Pinos, ver a quien los ha ofendido manejarse con libertad y arrogancia en su propio patio, estas y otras acciones hacen que la sociedad en México muestre la espalda a su gobierno. México hoy tiene una sociedad dividida que aún no asimila el golpe por el reciente aumento en el precio del diesel y la gasolina o la devaluación del peso frente al dólar. Se debe enfrentar a lo que para muchos es un mal sueño hecho realidad, la llegada oficial de #Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos de América. Y deberán asumir el reto que ello representa afrontando la situación desde una perspectiva ecuánime pero activa y difundir una idea tan popular como la que usó Trump en campaña “Hagamos grande a América otra vez”. Hacer no sólo que se mueva el país, sino llevar a México adelante.