En la serie norteamericana House of cards hay una escena que explica muy bien la transformación del periodismo: Tom Hammerschmidt, el director del periódico The Washington Herald, donde trabaja la joven Zoe, es convocado por el editor Margaret Tilden. Ella le pide explicaciones sobre la renuncia de la periodista Zoe, que había traído muchos scoop al periódico. “Entiendo las dificultades económicas y el abandono de los lectores. Pero Facebook, #Twitter, los blog, #Internet... son todas modas que pasarán. Las bases del periódico son otras y no las podemos olvidar”.

Al final del discurso, Tilden le da una hoja de papel. Es despedido porque se niega al cambio y sobrevalora las nuevas tecnologías.

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Inevitablemente los nuevos espacios creativos de la red están transformando velozmente la actividad periodística. No sólo en la forma, en el modo en el que se difunden y presentan, sino también en el proceso de producción. La información digital tiene un carácter abierto, horizontal y profundamente interactivo. El intercambio entre emisor y receptor es directo e inmediato. Si las comunicaciones entre los lectores ocurrían en la sección de las cartas, hoy se hacen sin filtros a través de las redes sociales. Basta un tweet, un comentario o un email, y el intercambio es real. En directo.

Esta apertura democrática enriquece el debate social, la participación del público. El terreno se vuelve fértil y plural. El aumento de las informaciones y opiniones es directamente proporcional al número de follower.

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Todos pueden participar.