Sí, estarías en otro país, y también estarías oculto o huyendo, y mientras tanto, no dejarías de contar la monumental cantidad de billetes que te robaste. Pero no eres Javier Duarte. Y, en el fondo, esa es la razón por la cual quieres ver en la horca al ex gobernador de Veracruz. Que le corten la cabeza porque robó, porque no te dio ni un poco de esos tantísimos millones robados. Que lo maltraten y lo refundan en la peor cárcel porque él tuvo la oportunidad que tú no has tenido, y que quizá nunca tendrás. Salvo contadas excepciones, cualquier otro integrante del vulgo mexicano echaría mano, para sí y para los suyos, del dinero que le pusieran enfrente.

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De no hacerlo, sería como si un mendigo no comiera de la gran torta, después de media vida sintiendo hambre y teniendo sueños respecto a lo bien que lo haría sentir una buena comida.

Pero no digo que el mexicano promedio robaría por ser (económicamente) pobre, sino porque el mexicano promedio, tenga o no dinero, es miserable. Y bueno, la pobreza económica y la miseria personal son tipos distintos. México es un país habitado y administrado, en su gran mayoría, por seres miserables. Eso es su cáncer, su peste, sus piojos, sus ladillas, su estreñimiento, su ceguera, la mierda en su zapato, su maldición generacional.

Ahora que Javier ha sido detenido, el pueblo clama su cabeza, y los leones su cuerpo entero. El pueblo quiere alimento para su envidia. Y los leones (la clase #Política) saben que si devoran a Duarte frente al pueblo, lo satisfarán en gran medida, y el encanto, o más bien el hechizo, volverá a estar fresco.

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Son tiempos electorales, y eso amerita el espectáculo mediático.

Así que, admítelo. Estás hecho de la misma pasta que Javier Duarte. Tu sed de justicia no existe. Es sed de fortuna, de viajes, de consumismo desmesurado, es sed de posición, de conexiones, de apadrinamientos. Es sed de cúpula. Si la miseria de Duarte realmente te provocara el vómito, vomitarías todo el tiempo, desde tu nacimiento. Morirías por tanto vomitar. Porque no importa para dónde voltees, Javier Duarte está en todos lados, en todos los niveles, en todos los sectores; está en el espejo que miras todas las mañanas, después de joder con la esposa del vecino.

La diferencia entre Javier Duarte y tú, es que a él lo pusieron en donde hay hasta para robar. Y que, quizá, tú nunca tengas esa enorme oportunidad

Pero, a pesar de esa miserable realidad, se puede ser sensato. ¿Cómo? Deja de creerte el show. ¿Cómo lo lograrás? ¡Es muy simple! Sólo mira la fotografía de esta publicación. Y no me digas que todo el lío va en serio.

ARWRNR

. #Sociedad #JavierDuarte