Si un cubano recuerda las palabras, "Tienda de la Amistad" o "Los Buenos Precios", es porque tiene más de 30 años. Pertenecen a la época en que #Cuba era un triste satélite de la Unión Soviética, la época en que todo el país era un gran campo de caña, intentando desesperadamente satisfacer la demanda de azúcar del CAME, para poder recibir los suministros vitales que sostenían la ficticia #Economía y a todo el régimen comunista. En aquellos tiempos, Fidel #Castro se daba gusto alardeando de que el socialismo realmente funcionaba, y era capaz de mantener indicadores sociales propios de países más desarrollados. Escupía fuego contra el "imperio" estadounidense, y al mismo tiempo, Cuba se comportaba como un país intervencionista al estilo ruso.

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Baste recordar la intromisión en la guerra de Angola o en El Salvador, por solo citar dos ejemplos. Pero la confianza del astuto dictador se transformó en agria sorpresa, cuando no pude prever la desintegración de la Unión Soviética y el derrumbe del campo socialista en Europa del Este.

Eso no representó un golpe para los hermanos Castro, sino para el pueblo cubano, que de pronto descubrió que su "paraíso socialista" no era más que una ilusión, sostenida gracias a los recursos de la URSS, el imperio más grande del mundo. Cuando todo colapsó, Castro echó mano de su astucia otra vez, para sostenerse en el poder. Recordó que en aquel momento casi dos millones de cubanos (ahora tres millones) estaban exiliados, principalmente en los Estados Unidos, su archienemigo. Las remesas de esos cubanos empezaron a entrar al país directamente en dólares y el sátrapa creó las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD), a las que solo podían acceder una parte minúscula de la población, aquella que tenía familiares a los que ellos mismos habían llamado gusanos y les habían arrojado huevos y humillado.

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Además, los cayos con playas vírgenes, antes cubiertos de mangle y especies endémicas, se llenaron de hoteles al más puro estilo capitalista. Hoteles a los que no podía entrar ningún cubano del pueblo, ni en el supuesto caso que contara con el dinero para ello. A golpe de turismo y remesas, lenta y tortuosamente, la "economía" de Cuba fue saliendo del precipicio, hasta que en 1999, llegó Hugo Chávez al poder y le dio a los Castro otro país para parasitar.

Desmantelando el socialismo y construyendo el capisoci

En esta nueva coyontura geopolítica, la caña casi desaparece de los campos cubanos y Castro ordena el cierre de la mayoría de los centrales azucareros, ya obsoletos e ineficientes. Con ellos, miles de personas que no sabían hacer otra cosa se quedaron sin empleo. Una serie de desastres naturales como los huracanes George y Mitch (1998) y las inundaciones y deslizamientos de tierra en Venezuela (1999), le dieron a Castro una nueva oportunidad de oro. Se le ocurrió exportar servicios médicos, disfrazados de ayuda solidaria.

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Así, entre remesas, turismo y servicios médicos, Cuba pasó de ser un país agrícola a depender radicalmente del sector terciario, sin previa industrialización. Todo ello controlado estrictamente por el Estado, por supuesto, mientras al interior de la sociedad floreció el mercado negro a todos los niveles y se crearon más estratos sociales que los que nunca existieron en el capitalismo que Castro había prometido primero mantener (en 1959 juraba que no era comunista) y luego destruir.

Adelantando el reloj a la década 2005-2015, continuaron apareciendo mecanismos típicos de economía capitalista pero regulados absolutamente por el Estado. El ejemplo más clásico es el monopolio telefónico de Etecsa, que ahora además, controla el incipiente, deficiente, censurado y caro, servicio de internet, en parques y lugares específicos determinados a dedo por la cúpula del gobierno. Etecsa no solo llena las arcas de Castro con el dinero de las tarjetas que los cubanos compran para mal-conectarse a internet, sino (y por mucho), con las recargas que los cubanos y no cubanos, envían a sus familiares y amigos desde el exterior, en dólares que van a parar directamente a la dictadura, sin intermediarios. De esta forma, mientras Venezuela se cae a pedazos por imitar el modelo que Cuba desechó hace ya tiempo, y en unas circunstancias muy diferentes, Castro por su parte construye el capisoci, con lo peor del capitalismo y lo peor del socialismo, pero siempre manteniéndose a flote, seguro de que los ahora 3 millones de cubanos en el exterior, continuarán enviando sus dólares siempre justificados en el amor a la familia. La gerontocracia que lleva casi 60 años en el poder, ha sabido mutar como un virus, todo ha cambiado, excepto ellos, que siguen al mando.