En la política no hay predicciones que valgan, pero tampoco hay sorpresas inesperadas. Sin embargo, la complejidad de un sistema de partidos como el que existe en México, aumenta las variables que hacen aún más impredecible lo que sucederá a tres o seis meses o a dos, cinco o diez años.

¿Acaso será lo complicado de esas variables o una genuina falta de interés lo que provoca el abstencionismo efervescente en este país? Es difícil afirmarlo; sin embargo, con cada nueva elección se nota que menos personas participan o están interesadas en el resultado final. Aun peor, en las elecciones de 2015 hubo un buen número de personas que defendían la idea de la abstención como un reclamo al sistema electoral político mexicano, con la contraofensiva de quienes afirmaban que ese abstencionismo solo beneficiaría a las cúpulas del poder.

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Más allá de esto, el abstencionismo es un fenómeno que debe preocupar a los ciudadanos. El hartazgo que existe en la población, la falta de esperanza en el sistema y la convicción de que no habrá quien haga “las cosas bien” pueden provocar una verdadera debacle de la incipiente democracia y joven alternancia que se ha ido construyendo con muchos esfuerzos.

Con el ejemplo de Fox que adelantara dos años su campaña para la presidencia de 2000, cada vez “se levantan más temprano” las aspiraciones políticas: gobernadores que aún no terminan sus sexenios invierten en su imagen con miras al siguiente escalón político; ex primeras damas que despliegan toda su fama para tratar de congraciarse con aquellos a quienes ya gobernó su marido; ex candidatos que nunca han dejado de estar en campaña y cuyo discurso hemos escuchado durante dos sexenios.

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¡Claro que la gente se cansa! Parece que nadie gobierna para el pueblo sino para el siguiente puesto político.

De acuerdo a cifras del INE, en la elección de 2015 en el Estado de México participaron sólo 50.52% de los electores. Si las próximas elecciones del Estado de México serán la antesala de las presidenciales del 2018, ¿qué podemos esperar con un abstencionismo tan alto? ¿Quiénes serán aquellos que decidan los resultados?

Claro, ya es tema aparte la consideración de si los resultados son fieles relatores de lo que se vota en las urnas, pero, mientras, la participación es de vital importancia. Pero participar no es solo emitir un voto, sino un voto pensado. ¿Cuántas propuestas has escuchado de los candidatos? En oposición a ello, ¿cuántos ataques has sabido que se dirigen unos a otros? ¿En qué nivel de debate están nuestros candidatos? ¿Se debaten ideas o se lanzan acusaciones? ¿Qué quieren demostrar los candidatos? ¿Qué uno es más malo que otro? ¿O realmente buscan solucionar los problemas de la ciudadanía?

Si a esto le sumamos los recientes anuncios de alianzas entre fuerzas políticas de “ideología” opuesta o los rumores de que #AMLO recibirá en las filas de su partido a más “connotados” ex priístas de los que ya ha recibido, la incredulidad de los votantes crecerá y un mayor abstencionismo puede ser el peor resultado a que lleguemos.

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La pregunta es ¿cuál es la solución? ¿Abstencionismo total para tratar de despertar a los políticos? ¿Votar por candidatos independientes? No lo sé; aún hay mucho por ver en el ring electoral de los siguientes meses y el punto final no se escribirá sino hasta dentro de mucho tiempo. #Elecciones2017