A rey muerto, rey puesto. En #Brasil saben bien cómo seguir adelante. Cuando la ex presidente Dilma Rousseff fue acusada de #Corrupción, se llevó a cabo en tiempo record el proceso de impeachment. Expulsada por motivos judiciales de la presidencia, a ocupar el cargo fue el vice presidente de aquella época, Michel Temer. Era su aliado político, pero ante la posibilidad de tomar el poder sin necesidad de pasar por las urnas ni tener que hacer campaña electoral (la cual seguramente habría sido difícil, porque no cuenta con el apoyo popular de la mayoría), Temer se volvió su principal acusador y enemigo político.

Sin embargo, no pasó ni un año, y ahora Temer se encuentra en la misma situación de Rousseff.

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La Constitución de Brasil dice que en caso de renuncia o destitución, el presidente de la Cámara de diputados asume la presidencia por 30 días, hasta que se convoca al voto de un sustituto por parte del Congreso. Esta persona no puede estar bajo ninguna investigación judicial. No obstante, en este momento en Brasil el presidente de la Cámara baja, Rodrigo Maia, y también el presidente del Senado, Eunicio Oliveira, están siendo investigados por corrupción. En este escenario, el único sustituto posible sería la presidente de la Corte Suprema, Carmen Lucía. Otros candidatos posibles son Henrique Meirelles, ministro de Hacienda, y el ex ministro Nelson Jobim.