El sueño del Socialismo del Siglo XXI se ha transformado en la peor de las pesadillas en #Venezuela. Incluso su inventor, el sociólogo Heinz Dieterich, ha dicho que el modelo venezolano ha sido un verdadero desastre. Más allá de las explicaciones políticas o de las posiciones ideológicas, los venezolanos enfrentan cada día una #Crisis cotidiana hecha de falta de alimentos, de medicinas y de criminalidad. Sólo en el año 2016 se registraron más de 28.000 homicidios, según el reporte del Observatorio Nacional de la Violencia, uno de los pocos entes independientes del País.

Historias de hambre

Naky Soto es una periodista venezolana que vive en permanente contacto con la gente.

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Una periodista real, lo que todos deberían ser pero no son. Ella tiene un espíritu de observación increíble: hace fotografías de plantas que nacen entre las grietas y en el asfalto (es suyo el hashtag #tercas), y establece una natural empatía con las personas que encuentra en las calles de Caracas.

Fue así como un domingo en la mañana se le acercó un hombre, un vigilante nocturno. Le pidió que le comprara algo de comer. No comía desde hace más de un día y sentía que estaba por desmayarse. Ella le compró dos empanadas y un jugo de guayaba. “Cuando el hambre le gana a la vergüenza y un hombre llora frente a dos empanadas, muchas emociones te mueven… El hombre lloraba antes y después de morderla. Buscaba de hablar pero se complicaba la escena porque entre las lágrimas, el moco y las mordidas, corría en riesgo de ahogarse”.

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El hombre se calmó y contó que su prioridad era dar de comer a sus hijos. “Si los parimos fue para protegerlos”, le dijo el vigilante. Por eso comía siempre menos. “Ningún pañuelo debería secar las lágrimas de un hombre que trabaja y no tiene dinero para comprarse la comida que necesita”, cuenta Naky.

El primero de mayo el gobierno socialista de Nicolás Maduro aumentó el 60 por ciento del salario mínimo, fijándolo en 200.021 Bolivares Fuertes. Se trata del tercer aumento en cinco años, que de todos modos no alcanza para hacer un mercado de comida normal. Según el Centro de Documentación y Análisis Social de Venezuela, para llenar una nevera en Venezuela (con huevos, leche y frutas) hacen falta al menos 772.614 BsF. El venezolano ha rebajado en promedio 8,6 kilos por falta de comida.

El niño de la iguana

En Venezuela, 30 huevos cuestan 10000 BsF (1000 dólares al cambio oficial), una botella de agua de cinco libros 5000 BsF, un kilo de arroz 3500 BsF, una cebolla 1000 BsF. Y los precios con una velocidad increíble, de un día para otro.

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La inflación venezolana es del 700 por ciento, según el Fondo Monetario Internacional. Es por eso que las protestas en Venezuela son transversales: jóvenes, ancianos, ricos y pobres. No se trata de socialismo o capitalismo, sino de hambre, falta de alimentos y mediciones. Quienes tienen menos dinero son los más perjudicados, a pesar de que tenían que ser ellos los más protegidos, según el proyecto de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Alejandra Sarmiento es una joven instagramer venezolana. La semana pasada contó que encontró a un niño en el río-cloaca Guaire de Caracas: “Pensé que me podía robar, pero igual me devolví y me acerqué para sacarle una foto. Tenía una iguana en la mano. Le pregunté si era su mascot. Me dijo que no, que era su almuerzo. Le dije que me habían contado que sabia a pollo, que por hoy la dejará ir”. Alejandra le regaló al chico dos latas de sardinas y un paquete de tortillas. “Saben a cartón, pero mejor que la iguana”, le dijo. “Quise explicarle lo peligroso que era que estuviera en contacto con las aguas contaminadas del rio – cuenta Alejandra – pero preferí ver su alegría mientras comía. ¿Ustedes tienen dudas todavía de lucha? Porque yo no”.