En Venezuela se viven tiempos difíciles. No se consiguen medicinas ni comida. Tampoco hay seguridad. La criminalidad mató a más de 28.000 personas en el 2016 y la cifra está condenada a aumentar este año. Sin embargo, ayer los venezolanos dieron una prueba de civilización y una gran lección de democracia. Demostraron al mundo que esperan recuperar la estabilidad a través de una vía pacífica y electoral.

Un referéndum que no es legal pero sí legitimo

Más de siete millones de venezolanos votaron por el “sí” en un plebiscito convocado por la coalición de la oposición Mesa de la Unidad Democrático, que fue avalado por la Asamblea Nacional gracias a los artículos 5 y 350 de la Constitución Nacional.

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La consulta popular no es legal pero sí es legítima. No fue reconocida por el Consejo Nacional Electoral, por lo cual no ha sido considerada vinculante. El ente electoral está declaradamente a favor del gobierno y no ha querido convocar a las elecciones regionales previstas para este año, sin dar mayores explicaciones.

Hacia un socialismo radical

A pesar del rechazo del gobierno y de algunas instituciones, es muy importante el significado político del referéndum venezolano del 16 de julio. El número de votos que obtuvo el “sí” es igual al que llevó al poder al presidente Nicolás Maduro en las elecciones del año 2013, luego de la muerte del presidente Hugo Chávez. Ayer siete millones de personas votaron en contra de la Constituyente que fue convocada por Maduro para el 30 de julio, y con la cual se espera transformar al país sudamericano hacia un socialismo aun más radical.

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Otra de las preguntas a las cuales se refería el referéndum es una invitación a las Fuerzas Armadas para que obedezcan la decisión del Parlamento y acaben con la represión violenta en contra de las manifestaciones de la oposición. La tercera pregunta le pide a los electores la renovación de los poderes públicos y la convocación a nuevas elecciones libres y transparentes para formar un gobierno de transición y unidad nacional que pueda enfrentar la crisis en la que está sumergida el país.

“Conseguiremos con las balas lo que no lograremos con los votos”

Hace días, Maduro declaró que conseguiría “con las balas lo que no podremos conseguir con los votos”. Y así parece haberlo puesto en práctica ayer. Un grupo de “colectivos” (paramilitares armados que sostienen al gobierno) disparó en contra de un centro de votación en el barrio popular Catia de Caracas, asesinando a una enfermera de 61 años de edad, de nombre Xiomara Scott, e hiriendo a muchos otros electores que se encontraban en la cola para votar.

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A pocos pasos se encontraba el cardinal Jorge Liberato Urosa Savino.

Si bien el referéndum no es vinculante, matemáticamente Maduro está revocado, como afirmó en horas de la noche el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges. El día que el chavismo tenga el valor de convocar a elecciones estás cifras pondrán fin a 18 años de gobierno.

La diáspora venezolana en contra de Maduro

Más de dos millones de venezolanos han tenido que dejar el país en los últimos años. Todo por culpa, precisamente, de la falta de comida, medicinas y seguridad. El socialismo los sacó de su propio hogar. Muchos de ellos profesionales (médicos, abogados, ingenieros) han tenido que verse en la obligación de comenzar desde cero en otras tierras para poder sobrevivir.

También en el extranjero los venezolanos pudieron votar en el referéndum convocado por la oposición. La llamada “diáspora venezolana” se volcó a los centros de votación para rechazar el gobierno de Maduro, que para muchos de ellos fue el detonante para dejar el país. La escritora Lena Yau, quien vive desde hace muchos años en España, contó desde Madrid su experiencia:

#Latinoamérica #Derechos Humanos