No vamos a fingir que las agendas políticas de los partidos no se mueven por intereses específicos, el punto es: ¿cuáles son esos intereses?; el partido que ahora nos atañe es el #PRD, que en 2016 fijo posturas claras como pareciera nunca había hecho, se oficializó como “izquierda progresista” y para el primer trimestre del 2017 se sentía fuerte, pero ya en el tercer trimestre ha recibido varios golpes seguidos que ahora es de dudar su fortaleza.

¿Por qué nos ocupa el PRD?

Recientemente, cuando el PRD pasó de ser una izquierda opositora para convertirse en una progresista, sucedió una división. Se dibujo una frontera que antes parecía imposible, se establecieron dos izquierdas, una progresista y otra conservadora, enemistadas bilateralmente, el PRD se volvió una opción ideal para muchos.

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Con un poco de escepticismo bien podríamos decir que la nueva cara del PRD obedece a una necesidad de mantener su cartera de votantes, más que de fidelidad al lado izquierdo de la política, pues siempre en voz pública sigue manteniendo la actitud de apertura a posible unión a aquella inquisitiva izquierda conservadora, que es más bien opositora; es triste ver la falta de firmeza en una opción que parecía viable, pero que sigue priorizando los escaños sobre los principios.

Golpes duros y tupidos contra el PRD

Hace poco los rezos en las entrevistas a perredistas repetían que la izquierda opositora y conservadora se había llevado a la parte mala de los militantes, que fue una limpieza para la izquierda progresista, pero lo cierto es que siguen yéndoseles más y más, como en esta semana en Oaxaca cuando 45.000 perredistas presuntamente se fueron a #Morena.

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El PRD hace alarde de ser el partido más democrático de México, pero al fijar posturas y sobre todo al momento de sostenerlas, sus propios principios lo traicionan; en contraste con la izquierda conservadora que tiene un solo camino para su militancia: sumisión vertical directa, con eso ha fijado una agenda clara, inamovible, sólida y efectiva, ¿positiva?: me rehúso a declarar.

El PRD, antes de poder solucionar una, ya se le viene otra encima, como diría el dicho popular “les llueve sobre mojado”:

En los próximos meses se termina el tiempo de Alejandra Barrales como presidenta del partido, ya se apuntalan para sustituirla por lo menos tres personas y - en cierta forma - ese es el gran problema pues el PRD en ocasiones anteriores no ha sido muy estable y efectivo, mientras atraviesa los comicios para definir a sus máximos dirigentes, es de temerse que el partido se encuentre en pleno conflicto interno por la presidencia del partido, al mismo tiempo que estén arrancando los comicios del INE para las ##Elecciones 2018.

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Para colmo, en lugar de usar al partido como institución proactiva, parece que en el PRD se está sumando a la nueva moda de utilizar al partido como plataforma electorera, pues se rumorea que tanto Alejandra Barrales como Beatriz Mojica, las dos máximas autoridades del partido, dejarían sus puestos de mando para unirse a las filas de las candidaturas a puestos públicos de elección popular.

Un poderoso fantasma del pasado

Como emulando aquella famosísima frase de Game of Thrones, Fernando del Collado en Tragaluz para Milenio, buscando la reacción de Beatriz Mojica, dice de manera secante y dramática: “ya viene Ebrard”.

Marcelo Ebrard, primero expriista, después experredista y ahora simpatizante de AMLO según parece, se pronostica que viene como Coordinador de campaña de AMLO o hasta como sustituto presidente del partido MORENA, como sea, él es una figura política poderosa que en algún momento incluso se dijo podría fácilmente ser presidenciable. Su regreso a México se puede considerar una gran amenaza al PRD.

Izquierda progresista, un sueño para México que se derrumba antes de la primera batalla.