En la actualidad es notorio que las comidas rápidas y alimentos industrializados han generado un problema público de #Salud, mismo que se puede corregir modificando la dieta actual, y una buena opción es seguir cualquier dieta tradicional ancestral (judía tradicional, mediterránea, de esquimales de Alaska, aborígenes australianos, aldeas suizas remotas y otros). No se trata de imitarlas, pues es imposible, sino de acercar los hábitos alimenticios propios a los de estos pueblos.

Y es mejor cambiar cuanto antes, pues así se previenen enfermedades propias de la dieta contemporánea: diabetes, obesidad, colesterol alto, fibromialgia y otras; con el consiguiente beneficio de mejor calidad de vida y abatir costes para la salud.

Antecedentes

En los años 1900 era mucho menor la incidencia de los padecimientos antes mencionados, para 1981 ya se había disparado su aparición, principalmente en aquellos países donde fue sustituida su comida tradicional por opciones de alimentos industrializados, como en el caso de Inglaterra, China, y Japón , países donde la tasa de obesidad aumentó considerablemente al cambiar sus costumbres de dieta por un creciente consumo de comida procesada , según cita Don Colbert, doctor en medicina, en 2009.

El doctor Colbert afirma que en 1991, el estadounidense promedio consumió aproximadamente 70 kilos de azúcar, principalmente en forma de almíbar de granos, dextrosa, azúcar de remolacha y otros; y de grandes cantidades de carbohidratos procesados como pastas, harinas refinadas y carnes grasas animales, con las respectivas consecuencias en su salud.

Una solución es la dieta tradicional judía

Según Colbert, modificar los hábitos alimentarios por una alimentación muy parecida a la de los judíos en tiempos bíblicos es muy eficaz para dichas "enfermedades contemporáneas", evitando lo más posible alimentos procesados (panes de harina blanca en todas sus variedades y pastas refinadas), enlatados y embutidos (que tienen gran cantidad de grasas y componentes peligrosos como los nitratos y nitritos ), disminuir al máximo consumo de grasas y azúcares e ir cambiando el consumo de productos comerciales por aquellos producidos artesanalmente.

Sugiere aumentar elconsumo de pescados, consumir poca carne magra y derivados (leche, huevos) provenientes de animales criados tradicionalmente, evitar lo más posible mariscos y cerdo (cumplen con la función de "limpiadores" de la basura en mar y tierra, respectivamente) y por tanto, no es recomendable comerlos.

Las grasas, de preferencia: aceite de olivo y coco por ejemplo; y en cuanto a azúcares: mascabado, miel de abeja y otros azúcares no refinados y, por supuesto, en cantidades adecuadas según las actividades que se realizan cotidianamente.

Recomienda evitar los "sustitutos del azúcar" como aspartame y sucralosa, los cuales, según el estudio publicado en 2010 en el "Yale journal of biology and medicine", propician obesidad pues quien los consume no experimenta saciedad de azúcares y es inducido a comer de más, entre otros peligros potenciales.

Una dieta sana es mejor camino para obtener un peso adecuado y al mismo tiempo buena salud, sobrepasando a las dietas en boga para bajar de peso, por las carencias de nutrientes que presentan y la baja acelerada de peso que arrastra un importante desbalance metabólico, el cual puede llegar a ser fatal para el individuo y agregando el correspondiente "efecto rebote" al dejar de seguir dicha dieta.

Estos cambios llevan hacia una modificación importante del estilo de vida, la cual no es fácil pero bien vale la pena para estar mucho más sanos. #El malestar que ocasionan las Enfermedades