La piel es la primera barrera protectora frente a las agresiones exteriores, es valiosa e imprescindible, un órgano verdaderamente fascinante y maravilloso, y uno de los órganos más importantes de nuestro organismo. Basta decir, para comprender su importancia, que si nos falta más del 40% de ella, no se puede sobrevivir. Sus funciones son de:

· Protección: protege al organismo de las condiciones adversas del medio ambiente y constituye una barrera inmunológica que impide que las bacterias y los virus presentes en el ambiente puedan penetrar hasta los vasos sanguíneos y enfermarnos.

· Sensitiva: los receptores de la piel detectan los cambios que se producen en el exterior y esto permite que el organismo responda ante los diferentes estímulos del medio ambiente, además capta la diferencia entre el placer y el dolor porque mediante ella se transmiten al sistema nervioso cada unos de estos estímulos o mensajes.

· Reguladora: evita la pérdida excesiva del calor. Cuando la temperatura es alta, los poros de la piel se dilatan y actúan como medio de ventilación. Cuando hace frío, o mucha humedad, los poros se contraen y evitan la pérdida del calor interno del cuerpo.

· Excretora: mediante el sudor elimina sustancias de desechos.

· Secretora: las glándulas sebáceas secretan sustancias grasas que lubrican el pelo, suavizan la piel y forman una delgada capa protectora.

· Alarmadora: la piel se encarga de alertar sobre cualquier anormalidad interna del cuerpo: una infección inminente problema digestivo a causa de un alimento en mal estado, etc.

La piel es susceptible a tener enfermedades leves y graves, puede llegar a ser la cara visible de algunas enfermedades o disfunciones.

Señales de alerta

No siempre establecemos la relación que tiene con el estrés, pero la epidermis nos advierte cuando hay un exceso de tensión. Las afecciones cutáneas como el acné o la dermatitis a menudo van de la mano del estrés. Su función es proporcionarnos información (nos alerta del frío, el calor, el dolor…), a la vez que nos protege de las agresiones externas, ya que desempeña un papel de barrera. Contrariamente a la creencia popular, la piel raramente está sucia, ya que las toxinas que acumula se eliminan a través del sudor y los riñones.

Para cuidarla

Dejar transpirar la piel porque es a través de la sudoración que se eliminan los residuos. Además, el sudor es esencial para mantener la temperatura corporal. Ello no implica que no puedas usar desodorante. Las fórmulas clásicas encapsulan el olor de las bacterias, mientras que las sustancias orgánicas, tales como la piedra de alumbre (una sustancia natural compuesta de sales minerales derivadas de la bauxita), cierran los poros al depositar sustancias ligeramente antisépticas.

Es necesario hidratar la cara y cuerpo todos los días. La crema genera una película que impide que la piel se reseque, a la vez que le mantiene hermética, creando un fino escudo antibacteriano (llamado cemento intercelular de superficie). Limpia el rostro todas las noches para evitar que la epidermis se asfixie bajo los residuos del maquillaje y la contaminación. Para nutrir la piel resulta útil una cura de complementos alimenticios, principalmente los ácidos grasos, los antioxidantes y la vitamina E, durante tres semanas, una o dos veces al año. #Salud #Belleza