¿Existe alguien en el mundo a quien no le guste abrazar? Parece ser que sí. Y eso es porque lo han probado poco y porque desconocen que, además de ser una fantástica vía para expresar sentimientos y emociones y un perfecto refugio para tristezas y lágrimas, un largo abrazo puede resultar la mejor medicina para cualquier dolencia del alma o del cuerpo.

Así lo confirman algunos de los científicos que se han parado a observar tan benéfica práctica. En este caso, el estudio se llevó a cabo en la Universidad de Duke, en EE.UU. Advierten que, desde el mismo momento del nacimiento, se deben estimular las neuronas del bebé mediante un contacto físico directo. Lo que se entiende como, un piel a piel. Y esto supone, abrazarlo y acariciarlo con la mayor frecuencia posible.

La hormona del amor, conocida como oxitocina, aumenta su presencia en nuestra sangre cada vez que recibimos una caricia o un profundo abrazo. Lo mismo ocurre con el oxígeno que, desde ese acto, empieza a entrar en nuestra sangre a raudales. Así lo confirman estudiosos de la Universidad de Carolina del Norte. Un abrazo estrecho y prolongado nos ayuda en casos de depresión y cuando la soledad amenaza con abatirnos.

Es difícil que puedas enfermar si recibes abrazos con regularidad. La glándula timo, responsable de defender nuestro organismo de agresiones, se dispara y, al estar sano te sentirás feliz haciendo que se eleven tus niveles de serotonina, que te van a hacer sentir con el ánimo mejor que nunca. Son tantos los beneficios del abrazo que podría escribir unas cuantas páginas más, pero, antes de finalizar, me gustaría comentar algo más respecto a la importancia del contacto físico.

Puedes hacer el siguiente experimento. La próxima vez que resulte difícil hacerte entender por alguien o, cuando ese alguien, necesite consuelo, no tienes más que posar tu mano en alguna parte de su cuerpo mientras se produce la charla. Es como si, de pronto, se estableciera un código secreto de entendimiento, de corazón a corazón. Observa los resultados.

Estoy de acuerdo con Virginia Satir, una acertada psicoterapeuta, cuando asegura que, "para sobrevivir, has de recibir cuatro abrazos, ocho, de mantenimiento y doce para el crecimiento personal". Llevo mucho tiempo abonada a los doce. ¡Ah! de #Salud, fantástica. Gracias. #Niños