Cuando el silencio vale más que mil palabras

Los niveles de estrés en la última década han aumentado en poco más del 200%, según la O.M.S. lo cual no resulta sorprendente ya que lo vivimos día a día en carne propia.

Basta con dos personas compartiendo el mismo espacio para que la enfermedad del siglo, el estrés, entre en escena y utilice el menor malentendido para crear un ambiente hostil. Si a esto añadimos los problemas personales que cada uno vamos cargando, tenemos como resultado el mundo en el que vivimos.

Hace no más de 5 años, el estrés era catalogado como una enfermedad tratada únicamente por la psiquiatría y de la población adulta, hoy en día menores desde los 2 años ya forman parte de este grupo.

No podemos evitar o desparecer el estrés solo con el simple deseo de un mundo mejor, ya que este es generado colectivamente. Lo que sí podemos hacer; es evitar ser contagiados de este, o peor aún, contribuir o generar situaciones de este tipo.

El silencio es una herramienta infalible para frenar situaciones estresantes derivadas por la cotidiana convivencia y crear un ambiente libre de esta plaga emocional. No es tarea fácil, pero alguien tiene que hacerla, y si somos nosotros mismos, también gozaremos de los beneficios que los podremos ver relajados en nuestra #Salud física y emocional.

Cuando se encuentre en momento álgido en donde la conversación no llegara a ningún resultado enriquecedor o de beneficio, lo mejor es tomar unos cuantos segundos, inhalar por la nariz suavemente pero a UN RITMO CONSTANTE, hasta que sienta como los pulmones se llenan de aire para después exhalar suavemente. Inmediatamente sentirá como el nivel de estrés se reduce considerablemente. Esto no es magia ni mucho menos, simplemente estará oxigenando el cerebro, el cual debido al agotamiento generado por una discusión y la excesiva articulación de palabras, minimiza la cantidad de oxígeno a nivel cerebral lo cual redunda en falta de claridad para expresar nuestras ideas y entender las de nuestro interlocutor.

Es importante señalar que para obtener los resultados de este ejercicio debemos dejar la ironía fuera de campo de acción además de realizar dicha práctica de manera discreta y gentil para no hacer de esto un detonante de agresividad o malos entendidos.

Una vez que ha hecho esto escuche con atención a la persona que aún sigue en el mismo estado colérico, pero no para continuar la discusión; sino para encontrar el momento preciso para abandonar el campo de batalla en la que se encuentra y ganar la guerra de la razón; palabras sin tono o sentido irónico, y evitar contradecir las ideas de su oponente, se podría decir: son reglas de oro.

Hacer del silencio un aliado para romper momentos de estrés, no significa que se está denigrando, cediendo la razón, ni mucho menos atacando su dignidad. Por el contrario, se sentirá bien consigo mismo (lo más importante), demostrará madurez, además de beneficiar su salud y la salud pública. #Psicología